Menuda sorpresa las 1955 visitas y los 17 comentarios de mi post, que no sabía que iba a leer tanta gente – normalmente sólo me leen mis colegas – ni que iba a levantar tantas ampollas.
Quiero dejar claro varios aspectos acerca de mi entrada, de la que estoy muy orgulloso, sobre todo porque ya me basta con un par de repasos para no cometer errores (soy así de lerdo), aunque alguno habrá.
Para a quien le interese, es cierto que soy un amargado y frustrado individuo; oscuro, airado y lleno de pesimismo insoportable, el cual destilo en mi blog con absoluta libertad. Las causas de mi mala uva son de índoles psicológicas; mi madre murió cuando yo tenía 17 años, ahí es nada. Aparte, me encanta Reverte, Baroja, Galdós, Valle-Inclán, Larra y demás literatos que siempre han sido muy críticos con esta bazofia de país en que vivimos; y esto, por fuerza, te forja un carácter muy particular.
Por lo demás, conozco a mucha gente, tengo novia y buenos amigos; como, follo y duermo satisfactoriamente, soy educado y sociable, no soy demasiado estulto ni un pedante sin remedio y en general tengo una vida plena y saludable. Lo malo es que no tengo dinero, suspendí las oposiciones para profesor de secundaria y ahora tengo que enfrentarme a un mundo hostil sin el abrigo que te proporcionan unos buenos euros en el banco. Creo que todo esto me legitima para ser todo lo oscuro, depresivo y amargado que se me antoje.
Dicho esto, es cierto que debo cuidar los insultos porque es una muestra de poca elegancia y falta de estilo, aunque tampoco pretendo ser elegante ni tener estilo. Es verdad que no todo es tan negativo en Málaga, aunque me reafirmo en todo lo que he declamado en mi escrito y suscribo todo lo que han opinado los demás en la misma dirección.
Para empezar, en Málaga están las malagueñas, maravilla admirada por todos los extranjeros que he conocido, y son muchos, aquí en la capital de la Costa del Sol. Mi novia es malagueña y es tan guapa que deslumbra. Es un hecho impepinable que las chicas de Málaga – en general las de toda Andalucía – tienen algo que enamora. Hay muchas y la mayoría son de una belleza que tira de espaldas. Si a ésto le sumamos la ingente cantidad de alumnas de Beca Erasmus que pasean su palmito por las calles de la ciudad todo el año, pues el resultado es que en Málaga el deleite visual está garantizado (aparte de que follar gratis nunca supone un problema). Nota al comentario anterior: no quiero susceptibilidades feministas porque no estoy llamando zorras ni putas a las chicas de Málaga. Hay mucha calidad y cantidad y eso facilita las cosas, eso es todo. Tengo novia desde hace tres años y en nada me afecta esta ventaja, pero es la pura verdad; es fácil encontrar una mujer bella en la ciudad de Málaga.

Luego tenemos los boquerones fritos que están para cantarle saetas, y que puedes comprar en el mercado a muy buen precio; lo único malo es que los de ahora son algo pequeños. En feria todos bebemos Cartojal, un vino dulce autóctono, fresquito y muy rico. A mis amigos alemanes, letones, franceses y checos les encanta y por eso se han llevado una caja cada uno para su tierra al marcharse.
Gracias a dios que en Málaga existe la playa de Maro, que nada tiene que ver con la Malagueta o la Misericordia, que son un punto donde confluyen toda la morralla malagueña, las natas marrones en el agua, y la arena sucia llena de tierra nauseabunda, cuando no nos visitan las medusas.
Luego están Los Baños del Carmen, un enclave alternativo, muy acogedor y confortable. Suele reunirse allí gente un poco esnob: hippies, modernos y alternativos en general, pero está muy bien. Como Francisco de la Torre no ha podido montar su tinglado pijo para los “bien-planchados” de Málaga, pues está un poco dejado de la mano de dios. En general la gente lo cuida, aunque ahora en verano es más complicado.
Qué más. La Catedral no está mal, Gibralfaro, La Alcazabilla, El Pimpi, el teatro Cervantes – si fuera más barato -, la Concepción, el zoológico de Fuengirola. No todo es tan malo, pero sí es cierto que nuestro alcalde es un palurdo que sólo gestiona el centro histórico que es lo que da dinero, mientras deja el resto de Málaga arrumbada. Málaga tiene suciedad para dar y regalar; nuestra idiosincrasia es totalmente provinciana y además tenemos esa estupidez de odio a Sevilla que nos delata como una pandilla de acomplejados conscientes de nuestra inferioridad, pero incapaz de reconocerlo, porque “Málaga, canioh, eh lo mehó”.
Siento si ofendo a alguien con los que escribo sobre mi tierra, mi comunidad autónoma y mi país en general. Jamás seré como Pérez Reverte o Baroja pero pienso como ellos y los admiro profundamente. Estos escritores son amargos como el mate, al igual que lo fue Quevedo y critican con ferocidad su tierra porque hay lacras que son insoportables en los tiempos en que vivimos y eso no quiere decir que no me sienta español, andaluz y malagueño. España es mi país y lo amo, pero cuando cualquiera critica a su padre, madre o hermano, ¿acaso deja de amarlo en algún momento?
En fin, son complejidades que los que han puesto el grito en el cielo jamás podrán entender, porque para ellos hay que autoengañarse y opinar que algo es bueno cuando no lo es. Lo políticamente correcto es decir que en Málaga todo va bien, que hay que apoyar la capitalidad cultural, practicar el buen rollito, ser moderno y nada de poner pegas porque todo reluce como el oro.
Pues no. El mundo (mi mundo) apesta y lo detesto. Pero luego están la mujeres, la buena comida, el vino, la cerveza, la marihuana, la literatura, el cine y la música, que son de las pocas cosas que me impulsan a seguir viviendo; aparte de la curiosidad.