Sofia, la directora de EF Central, va a visitar EF Málaga el lunes.
Ella va a venir a la escuela de español Education First en Malaga. Sofia llega el lunes. La escuela está preparara para su visita. Las personas de la escuela están muy excitadas. EF es una escuela donde los estudiantes tienen mucha diversión cuando aprenden español. No sabemos a que hora llega pero sabemos que le gustará la escuela.
LA ENTREVISTA: hoy NICO el DULCE
Hoy hablamos con Nico Dulce. Originalmente es de Bélgica pero ahora vive aquí en Málaga. Trabaja en EF Málaga, como el coordinador de actividades. Le encontramos en la recepción de La casa roja, la escuela.
¿Cuántos años tienes?
20… No tengo 30 años.
¿Y cuándo es tu cumpleaños?
El 20 de abril.
¿Sabes que lo es una canción también?
No, Nico pone una cara divertida, pero es lo mismo fecha de cumpleaños que Hitler.
Vale, ¿qué sueles desayunar antes de venir a EF?
Nada.
¿Y en los fines de semana tampoco?
Ah, sí. Me gustan los fines de semana. Entonces desayuno fuera con el sol brillante. Croissants, jamón serrano, tomates, de todo.
Y unas preguntas para conocerte más, ¿Cuál es tu libro favorito?
Clockwork Orange.
¿Y tu música favorita?
The Doors; la mejor canción es Peace Frog.
¿Cuál es tu comida favorita?
Ahora, la comida italiana. Pizza y los spaguetis de mi madre.
¿Tienes un bar favorito?
Sí, Robert Boyds.
Vale, ahora ¿Cuándo empezaste trabajar en EF?
Llevo trabajando aquí hace dos años y medio.
¿Cómo es un día en tu trabajo?
Todo es caótico. ¿Habéis visto Jesus Christ Superstar? Es como eso. Soy el ombligo de la escuela.
¿Qué haces un día en tu trabajo?
Mis obligaciones más importantes son la administración, llamar por teléfono, buscar información y hablar con los estudiantes; hacer entrevistas.
¿Qué es lo mejor y lo peor de trabajar en EF?
Lo mejor es la gente, los jóvenes. Y lo peor, las horas irregulares.
¿Qué hacías antes de trabajar en EF?
Trabajaba como guía turístico en Marbella y también como traductor.
Y ahora, ¿trabajas en otro lugar aparte de EF?
Sí, lavo mis platos a casa.
¿Hay muchas diferencias entre la escuela en el invierno y el verano?
Sí, en el invierno no hay tanta gente. Es un grupo más pequeño pero también más apretado. En el verano hay más posibilidades. Por ejemplo las fiestas de bienvenida son más grandes. En el invierno las fiestas no están en El Café del Sol.
¿Has tenido algún problema con un alumno en EF?
¿Vais a publicar esto, si? No, nunca.
¿Cuáles actividades en EF prefieres?
Me encanta el paintbol y las actividades aguaticos, como el surf.
¿Qué haces cuando no trabajas?
Salgo a fiestas. Pinto un poco y también toco la guitarra.
¿Qué vas a hacer el año siguiente?
Mejorar el mundo. Voy a disfrutar la vida cada día.
Una respuesta típica de los españoles. Y ahora, la última pregunta. ¿Tienes un consejo para los alumnos de EF?
Cada día, ver tu vida como si fuera nueva. Y también aceptar a todo el mundo y entender que todos somos diferentes, sin embargo iguales. Todos tienen diferentes maneras de alcanzar una vida feliz pero yo no tengo un consejo correcto para todo el mundo.
¡Gracias por tu tiempo!
Director: Alfonso Moreno.
Jefa de Redacción: Julie Elkjaer
Redactora primera: Pamela Aggesund
Reporteros: Sydney Burnett, Annie Duff (diseñadora) y Corentin Rastello.
Érase una vez un país atrasado y estulto gobernado por un enano imbécil que tuvo la suerte de ganar una guerra que enfrentó a dos facciones de idiotas sin remedio (los rojos y los nacionales). Este enano gilipollas gobernó con mano de hierro durante cuarenta años hasta que el pueblo soberano (me la agarra con la mano) consiguió que se instaurara una democracia o algo parecido. Con la democracia llegó la libertad y el libertinaje. Con el libertinaje llegó el despiporren, y con el despiporren llegó la idiotez suprema bañada en alcohol y heroína: La movida madrileña.
La movida madrileña no era más que una reunión de pijos progres que jugaban al dadaísmo y a ser modernos que te cagas con el padrinazgo de los políticos de turno, que también estaban beodos. Cuando el PSOE llegó al poder, los sociatas tiraron el Capital de Marx a la basura y empezaron a cogerle gusto a meterles el dedito en el culito a los obreros mientras ellos comían de la sopa boba (robando a mansalva como sabemos). PRISA inoculó idiotez a todos los españoles y así Iñaqui Gabilondo se convirtió en el reverendo de la progresía oficial. Felipe González era el dios supremo y así todos los progres pudieron hacerse ricos sin dar un palo al agua y vendiendo humo.
Durante los gloriosos años de la movida madrileña todos empezaron a flipar con la música y el rollito punk de pegatina moderno y mega guay. Los pijos jugaban a ser yonquis y los yonquis de verdad caían como chinches porque todos querían drogarse a lo Sid Vicious porque eso era lo que molaba mazo. Madrid era una fiesta y todos querían vivir allá. El resto de España era vulgar, anodina y olía mal.
Sucedió además que algunos de los más espabilados de la movida como Almodóvar o Alaska consiguieron, apoyados en el baluarte Polanco, salir de la mediocridad hispana y convertirse en ídolos de masas. En aquellos años no importaba el talento, tan sólo la ”mamarrachez” y la autopromoción, adornada de “moderneo”, y poses de superioridad moral e intelectual. Con respecto a la superioridad moral e intelectual tenemos el caso paradigmático de Ramoncín, hoy tesorero de la SGAE, ladrón profesional, pero ídolo de masas en los ochentas.
Los gays y los modernos metrosexuales comenzaron su cruzada para dominar los medios, la cultura y el arte. Subrepticiamente fueron adentrándose en el tejido cultural español, débil y manipulable por aquella época. Finalmente, tras numerosas campañas propagandísticas, made in PRISA, en el ocaso del siglo XX consiguieron hacerse con el control absoluto de toda la cultura española.
Tras la triunfante cruzada se consolidó una élite que impuso los usos y formas del “petardeo” más rancio y reaccionario del planeta tierra. Entre los miembros de dicha elite se encuentra Olvido Gara (Alaska), una mujer muy culta, preparada y leída – como puede serlo cualquier camarero con carrera-, sin dotes para el canto ni la interpretación, pero que se convirtió en un icono de la modernidad, el buen gusto, lo intelectual, lo “cool” y lo “in” del panorama ibérico con su grupazo Alaska y los Pegamoides y posteriormente Fangoria.
Hay que decir que en Málaga surgió, ya en los noventa, al abrigo de la progresía dominante, Rafatal, un realizador que ha revolucionado el mundo del cine, produciendo películas que NO repiten los clichés del cine de los ochenta de Almodóvar ni cae en banalidades propias de un snob petimetre que se cree lo más. Su cine, es un cine comprometido con el arte, al nivel de los grandes como Berlanga, Buñuel o su maestro, Almodóvar. Original, demoledor y muy sugerente como sólo el malagueño más universal (después de Picasso, Banderas y Fran Perea) podía serlo. Vamos, que es el puto amo.
En el siglo XXI, el poder de los movidos guay de la movida madrileña sufrió un ligero revés y hoy, junto con los nostálgicos de Franco, no son más que una pandilla de plañideras que anhelan la grandeza de los años de Pepi Luci Bom y su puta madre.
No obstante, Olvido Gara (la Björk española) supo reciclarse, abandonar a sus padrinos y tomar su propio rumbo hacia el estrellato. Siguió grabando discos, aportando a la música todo aquello que hoy falta en el pop y el rock (sea lo que sea), y se puso a trabajar en la COPE junto a Federico Jiménez Losantos (hasta que echaron a este último), o con Pedro J. Ramírez en el Mundo (un diario muy veraz y fiable como todos sabemos). Es posible que ante la dejadez que sufren por parte de los gobernantes del PSOE, se hayan buscado la manera de seguir protegidos por el poder (aunque sea de derechas) como lo estuvieron antaño durante la movida. Porque los hay que sólo a la sombra del poder, sea cual sea, son capaces de medrar y llegar a lo más alto. O quizá sea que han sufrido una sobredosis de honestidad y eso unido a las perras en el bolsillo, el lujo, los flashes, la fama y la buena vida les haya hecho reflexionar y pensar: “coño, si ser rico mola más que ser pobre; que le den por culo a los obreros y a los progres que son unos desgraciados”. Este dato aún no se ha corroborado.
Pero el mayor regalo que ha dado Alaska al mundo, ha sido sin duda alguna su genial marido Mario Vaquerizo y su grupazo Nancys Rubias, que ha causado furor entre la elite moderna de medio mundo. En Málaga por ejemplo enriquecieron la cultura musical del respetable con un concierto organizado por el Ateneo de Málaga, adalid, como todos sabemos, de la cultura, la música, la moda, el buen gusto y lo “cool” de la capital de la Costa del Sol.
Mario Vaquerizo, junto con Olvido Gara, han resuelto desmarcarse de la hediondez de la clase obrera que taponaba sus fosas nasales en los ochenta. Llegados a la madurez y podridos de fama y riqueza han abrazado el liberalismo pregonando las bondades de Esperanza Aguirre, Sánchez Dragó y sus esbirros liberales. Es posible que ambos hicieran mucho dinero con el negocio inmobiliario y consiguieran prebendas del ayuntamiento de Madrid para sus actividades culturales, que finalmente ha conseguido inocular la fiebre de lo moderno y lo guay por todo el territorio español: “La derecha mola más para ser moderno”, parece decirnos este hombre al que le gusta morderse los carrillos y parecer una mujer casquivana.
La SGAE por supuesto también está entre las instituciones favoritas de este metrosexual escuálido que se hace llamar cantante, productor y representante, rebosante de un glamour fascinante e inigualable.
A día de hoy no se sabe qué pasará si los “taligays” se enteran de que Vaquerizo y Alaska se han pasado al bando de Belcebú (el PP) y han abandonado el redil de aquellos que los convirtieron en ricos y famosos (el PSOE).
Es un hecho comprobado que Almodóvar ya no goza del favor del diario El País y que Cuatro, después de verse agraviado por la TDT de pago de ZP, puede que decida en lo venidero apoyar al PP para mojarle la oreja al díscolo presidente del gobierno. El caso es tocar los huevos.
Tras semejante historia tan absurda una cosa está clara: los tiempos cambian, las mentes cambian, pero sobre todo cambia el volumen de los bolsillos y ésto hace que probablemente cambie todo lo demás. Habría que ver lo distinto que sería Mario Vaquerizo si fuera uno más del montón (que lo es) sin el apoyo de su egregia mujer, como tantos hay que buscan la fama con desesperación como si fuera oro.
Para triunfar véndete, vende humo, moda, música, tu vida, tu honra, o lo que se tercie. En España siempre habrá multitud de idiotas que te sigan. Si no que se lo digan a Ramoncín.
Por fin puedo afirmar, después de seis meses de denodados esfuerzos intelectuales, que he leído el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán. Qué puedo decir: Capítulos interminables, castellano del siglo XVII, difícil de comprender para un diletante como yo, y la satisfacción de haber podido con un clásico imprescindible para entender la picaresca española. Al final me quedo con el Lazarillo (más corto, más divertido y más corrosivo con la sociedad castellana de la época), sin desmerecer esta obra, que es una joya (un retrato fidelísimo de la España decadente del XVII), pero muy compleja para mentes mediocres como la mía.
Una obra larga y compleja.
Ansioso por cambiar de libro, pisé el acelerador a finales de agosto, y un buen día (el 31 de agosto), leyendo el periódico encontré una entrevista a un escritor que me dio buena onda. Sam Savage, nacido en Carolina del Norte, es un anciano de ochenta años, de pelo blanco, con barba y aspecto hirsuto y desaliñado que ha escrito una novela extraordinaria y que me gustaría recomendar desde aquí.
El bueno de Sam Savage, el padre de Firmin.
Firmin fue publicada en una pequeña editorial de Minneapolis y en menos de tres años se ha convertido en un fenómeno literario gracias al boca a boca (no como otras que tienen más marketing detrás que la Coca Cola). Sam Savage es uno de esos escritores de vocación que ha alcanzado el reconocimiento en la senectud (algo que hace que algunos nunca perdamos la esperanza). Es digno de admirar, desde luego. Y comprensible también.
Firmin es una fábula que atrapa y te hace pasar unos ratos inolvidables. Saqué el libro de la biblioteca el martes y ya lo he terminado. No en vano sólo tiene 222 páginas y su lectura no es nada complicada. Es una de esas obras que te enamoran desde el primer capítulo y que no puedes dejar aparcada más de veinticuatro horas.
Pero lo mejor es la historia que narra y cómo la narra. El protagonista es una rata que aprende a leer y que se convierte en una fanática de la literatura. En la historia encontramos a un librero al borde de la ruina, y a un escritor fracasado (alter ego del propio Savage) que juega un papel muy importante en la trama.
La rata más leída del mundo.
La obra está llena de referencias literarias y es un homenaje a todos aquellos que aman los libros, las historias y el cine. Firmin es el amigo que todos quisiéramos tener: sensible, inteligente, vulnerable y con un corazón inmenso.
Según desveló la entrevista publicada en el diario Público, parece ser que Sam Savage está a punto de publicar otra novela, que sin duda aprovechará el tirón de la anterior. Me alegra comprobar que existan casos como el del bueno de Sam: Un hombre que ha trabajado de pescador, carpintero, tipógrafo y profesor, pero que por encima de todo deseaba ser escritor, y al final lo consigue con ochenta años.
La verdad es que se lo merece y espero que su próxima novela tenga igual o más éxito que la anterior.
Firmin. Aventuras de una alimaña urbana está llamada a convertirse en un clásico de la literatura del siglo XXI. Una obra que todos deberían leer al menos una vez.
Desde hoy soy fan acérrimo de la rata devoradora de libros (literal y figuradamente), Firmin, y os invito a que entréis en su mundo de alimaña urbana.
No puedo entenderlo. Me siento impotente ante tamaña muestra de idiotez nacional. La televisión me va a matar a disgustos. Sé que por mucho que yo putee a Tele 5 o Antena 3, el público que licua su cerebro con semejante basura no lee blogs – y menos el mío – y no se para a pensar de qué manera puede autolesionarse el lóbulo occipital con daños irreparables.
Cómo es posible que el engendro de Jorge Javier Vázquez – el Anticristo de la TV-, Sálvame sea seguido por 2.113.000 espectadores con una media diaria de share que supera el 20%. A las 20:00 horas ya hace fresquito señores. Salgan a tomar un refresco, un helado, a comer pipas, a dar una vuelta; yo qué sé.
Cómo es posible que Risto Mejide, un tipo absolutamente oligofrénico, tenga más de tres millones de seguidores con su programa G-20 (que no me hace falta ver para saber que es una mierda como el sombrero de un picador).
Por qué Belén Esteban es la mujer más popular de España. Por qué después de demostrar una estupidez infinita Ana Rosa sigue siendo la “reina” de las mañanas. Hasta Susana Griso, con ese rictus de estirada frígida que tiene, se ha visto obligada a sumarse al carro de la estulticia para hacer caja.
Por qué si Antena 3 trabaja la misma bazofia en su cadena no puede superar nunca a Tele 5 en audiencias. Qué tiene “la cadena amiga” para que los más de tres millones de estultos que pueblan España entreguen su cerebro a todas horas con el ojo del culo abierto y los de la cara pendientes de gansadas y gilipolleces.
Por qué en La Sexta no pueden emitir videos de Tele 5 o Cuatro para reírse de la imbecilidad que transmiten cada día por la onda hertziana – sin duda Sé lo que hicisteis… ya no es igual desde que Basile y sus matones consiguieron hacer efectiva una ley absurda de derechos de autor-. No olvidemos que Ramoncín es un esbirro de Tele 5 – Operación Triunfo- y la cadena es pro SGAE a tope.
¿Por qué los espectadores siguen viendo Tele 5? ¿No tienen Internet? ¿No tienen DVD? ¿No tienen cerebro?
¿No hay alguna manera de hacerle boicot a Tele 5?
Yo ya he borrado este canal del menú de la TDT; al menos es un comienzo.
El loco que me lea que reflexione, que haga lo mismo. Aunque seguro que el que lee blogs no verá mucho la tele, y menos Tele 5.
No hay nada que hacer entonces. La batalla está perdida.
La idiotez se apodera del mundo.
Idiocracy es el futuro.
Vean esta película. No es Kubrick pero tiene mensaje.
No me gusta hablar de modas ni tendencias, entre otras cosas porque es un universo que no entiendo en absoluto. Si bien es cierto que alguna vez escribí sobre los nuevos “modernos” del siglo XXI, alimentados al calor de la bonanza económica y aparentemente extintos (más bien camuflados) por el momento, no quisiera repetirme con un tema que ya ha levantado no pocas ampollas y que considero zanjado.
Si retomo la cuestión es en parte porque alguien me lo ha pedido. La razón es Louise Brooks, una actriz de cine mudo hermosísima, facinante y bizarra como pocas. Su corte de pelo, su forma de vestir, de posar en las fotos y de mirar a la cámara ha sido imitada hasta la saciedad por todas las advenedizas del “moderneo” imperante en los últimos años. Pero la cuestión es: ¿La imitan directamente por admiración incondicional o sólo se copian unas a otras sin ton ni son? ¿Saben qué es una “flapper” o sólo copian lo que es considerado como moderno? ¿Saben que el cine mudo existió o creen que es una leyenda? Tengo mis dudas.
Recordemos que ser “moderno” (obviemos la acepción de la RAE) implica poseer cierta sensibilidad artísitica (fotografía, pintura, poesía, interpretación), mostrar cierta ambigüedad sexual y hacer alarde de un esnobismo y afectación tales que parezca que hemos viajado a la corte de Luis XV en Versalles o al Nueva York de los 60 con Warhol y su galería de freaks.
La moda es muy importante, a veces incluso lo más importante. El lema del moderno siempre es y será: “No es tanto ser como parecer”. No importa que no seas artista y no poseas ningún talento, el objetivo es parecer especial, sacar la testa del pozo hediondo de la mediocridad, como Yoko Ono al lado de Lennon.
Hace unos tres años, – antes de que se impusiera más el estilo “pin-up”, emulado hasta el hartazgo por modernas y no tan modernas en revistas, televisión, publicidad y entrega de premios -, había algunas chicas que imitaban, quizá sin saberlo, el estilo de la actriz Louis Brooks, mostrando sus pechos en Fotolog, Myspace y demás, protagonizando incluso escenas de ambigüedad sexual, para deleite del respetable.
Existen mujeres que no quieren ser como Lucía Lapiedra o Victoria Beckam. En el mundo de la autopromoción en Internet hubo quien se abrió paso enseñando sus bellos pechos al estilo de las “flappers” de los años veinte. ¿Es el ansia de parecer diferente lo que impulsa al moderno a abrazar la moda retro o verdaderamente se sienten atraídos por la estética de los “happy twenties”?
Los locos años veinte corresponden a un periodo de bonanza económica que vivió EEUU desde 1922 hasta el crack de 1929. Más o menos como ahora, que hemos vivido una época de vacas gordas desde el 2002 (después del 11-S) hasta el 2009. No sé si tendrá relación o no pero entre 2006 y 2008, toda “modernita” de pro debía parecerse en lo más posible a las “flappers” y así las he visto yo en tropel por el Village Green de Málaga.
Hoy ya no es así, y resulta curioso. Estoy seguro de que la razón no es otra que el efecto de imitación generalizado que ha obligado a los cabecillas del mundo “moderno” a reciclarse para seguir siendo especiales. Los años 60, 70 y 80, el estilo “pin-up” e incluso el atuendo decimonónico de parnasianos y simbolistas han sido algunas de sus opciones para encontrar su lugar por encima de la mediocridad imperante. Resulta paradójico que se les llame “modernos” cuando su estilo no deja de ser retro. Para mí ni son modernos, ni retros ni nada que se les parezca. La palabra es petimetre, del francés (petit maître), que tanto les gusta.
Por mí como si les da por vestirse con toga o de vikingo. Mientras no toquen mucho los huevos que hagan lo que les parezca.
Eso sí, las chicas saben que para ser alguien en el mundo del arte hay que enseñar carnes y lo hacen de cualquier modo. Una idea que os doy chicas: Elisabeth Taylor en Cleopatra.
Moderna publicitando su talento al estilo "flapper".
Llega una edad en la que no puedes evitar añorar el pasado como si ya fueras un abuelo senil. En pleno “revival” de los años ochenta uno se acuerda de su tierna infancia y le vienen a la cabeza los curris y la Montaña Basura de Los Fraggle, Michael J. Fox en Teen Wolf (De pelo en pecho) o las primeras tetas que pude ver en la pantalla con Porky´s. La Bola de Cristal, Radio Futura, Gabinete Caligari y el desconocimiento de lo que significaba zapear. Sin móviles ni Internet. Sólo la Master System, la Game Boy y los libros del Barco de Vapor (María Gripe) y Michael Ende con las historia de Bastián en Fantasía.
De aquella época no me avergüenzo de casi nada. Todo se tuerce en los años noventa. En el instituto lo guay era ser “grunge” a lo Cobain, con el pelo largo grasiento y la ropa de cateto de pueblo maderero del norte de USA (camisa de cuadros raída y pantalón de pana o vaquero con las rodillas destrozadas). Bunbury era entonces un cantante de rock y no un feriante asmático. Además Michael Jackson dejó de ser negro y no paró de cagarla hasta morir.
Pero lo que más me sonroja de mi época de adolescente son algunas de mis filias literarias. Influido por la idiotez universitaria que ya repuntaba allá por mediados de los noventa, topé con una escritora procaz y dubitativa llamada Lucía Etxebarría. Una compañera pseudoprogresista me prestó el premio Nadal del año 1998, Beatriz y los cuerpos celestes, que sin dejar de ser una gran novela adolescente para niños pijos en plena comezón existencial, encumbró a una escritora en ciernes que hoy se revela como una imbécil con ínfulas de intelectual.
sin comentarios
Leo el diario Público y me la he topado en un suplemento de verano. No he podido dejar de ruborizarme al ver la de idioteces que esta mujer vomita cada vez que se muestra en público (nunca mejor dicho). De vergüenza ajena. Aún me abochorno más cuando recuerdo la de libros que compré y leí de semejante mamarracha. En lugar de amueblar mi cabeza con literatura de verdad, perdí mi tiempo con boñigas verbales de la talla de Nosotras que no somos como las demás, Un milagro en equilibrio o Amor, curiosidades, prozac y dudas, novela de la que encima vi la película; una majadería como la copa de un pino. No queda ahí la cosa. Que también vi Sobreviviré, bodrio del año 1999 (de la que ella fue co-guionista) que ya demostraba la podredumbre que padecía entonces, y sigue padeciendo, el cine español.
Lucía Etxebarría hace tiempo que ya no escribe novela, ni ensayo, ni poesía (nunca ha escrito poesía, sino que la ha plagiado). Ahora se dedica al noble arte literario de la autoayuda con bazofias del tipo Ya no sufro por amor o El club de las malas madres (que hoy leen las amas de casa aburridas admiradoras de Ana Rosa).
Entre muchas otras gilipolleces ha intentado convertir su entrada en wikipedia en una suerte de propaganda autocomplaciente sin conseguirlo (porque para eso están los lectores que corrigen las memeces de esta individua). En su blog podemos vislumbrar su estupidez, su nauseabunda sintaxis y las polémicas en las que se ve envuelta a cuenta de sus corruptos escritos en wikipedia y lo que no es wikipedia.
Por aquellos turbulentos albores del siglo XXI anduve perdido sin remedio. Buscaba respuestas en Paulo Coelho en lugar de preguntar a Umberto Eco o a Punset. Como mi ex novia era bollera y yo era un inepto con las mujeres (me estoy excusando como ven) quise aprender algo en los escritos de esta feminista estulta y demagoga que era Lucía Etxebarría, en lugar de leer al Marqués de Sade o a Giacomo Casanova. Por aquellos días yo creía que el feminismo era lo más e incluso me sentía culpable por tener pene. El feminismo criminalizaba lo masculino por el simple hecho de serlo (y todavía lo hace) y había que ser un hombre sumiso y temeroso de las mujeres. No las seduzcas, no quieras sexo con ellas, no les grites aunque sean imbéciles e imita a los homosexuales que ellos sí son verdaderos hombres: sensibles, inteligentes y guapos. Depílate, usa cremas y ten una actitud afectada como la que tienen los homoartistas de hoy en día. Afortunadamente Charles Bukowski y Henry Miller me sacaron del error. Me he enmendado en lo posible. Pero aún conservo un libro firmado por Lucía Etxebarría en la estantería de mi biblioteca que delata mi horroroso pasado adolescente (De todo lo visible y lo invisible).
Desde aquí pido perdón por haber financiado durante años las pastillas y el alcohol a semejante escribidora de pacotilla. Al menos con mi dinero habrá podido dar de comer a su hija, a la que compadezco de corazón.
Les doy un consejo: Si quieren buena literatura femenina de verdad, no dejen de leer a Ana María Matute (insigne letra K de la RAE). Un pecado de juventud del que aún guardo buenísimos recuerdos.
Libros. Hay muchos en la habitación, y jalonan veinticinco años de una vida. Infantiles, aventuras, viajes, textos escolares, materias universitarias, novela, ensayo, arte, historia. Desde niño, leyéndole cuentos e historietas, orientándolo con cautela, ella fue transmitiéndole el amor por la palabra escrita. La puerta maravillosa a mundos y vidas que acaban por multiplicar la propia: aspiraciones, sueños, anhelos cuajados en largas horas de lectura y templados en la imaginación. La intensidad de una mirada joven que explora el mundo en el descubrimiento de sí misma. Estos libros llevaron al muchacho a reconocerse entre los demás, a moverse con seguridad por el territorio exterior, a descubrir y planear un futuro. A estudiar una carrera bella y poco práctica, relacionada con la lengua, el pasado, el arte y la historia. A licenciarse en sueños maravillosos. En cultura y memoria.
Ahora ella, inquieta, se pregunta si hizo bien. Si la lucidezque estos libros dieron a su hijo no sirve más bien para atormentarlo. Lo sospecha al verlo salir de casa para entrevistas de trabajo de las que siempre vuelve hosco, derrotado. Cuando lo ve teclear en el ordenador buscando un resquicio imposible por donde introducirse y empezar una vida propia: la que soñó. Cuando lo ve callado, ausente, abrumado por el rechazo, la impotencia, la falta de esperanza que pronto sustituye, en su generación, a las ilusiones iniciales. Recuerda a los amigos que empezaron juntos la carrera animándose entre sí, dispuestos a comerse el mundo, a vivir lo que libros y juventud anunciaban gozosos. Cómo fueron desertando uno tras otro, desmotivados, hartos de profesores incompetentes o egoístas, de un sistema académico absurdo, injusto, estancado en sí mismo. De una universidad ajena a la realidad práctica, convertida en taifas de vanidades, incompetencia y desvergüenza. Pese a todo, su hijo aguantó hasta el final. Fue de los pocos: acabó los estudios. Licenciado en tal o cual. Un título. Una expectativa fugaz. Luego vino el choque con la realidad. La ausencia absoluta de oportunidades. El peregrinaje agotador en busca de trabajo. Los cientos de currículum enviados, el esfuerzo continuo e inútil. Y al fin, la resignación inevitable. El silencio. Tantas horas, días, años, de esfuerzo sin sentido. La urgencia de aferrarse a cualquier cosa. Hace una semana, cuando llenaba el formulario para solicitar un trabajo de dependiente en una tienda de ropa de marca, el consejo desolador de un amigo: «No pongas que tienes título universitario. Nadie emplea a gente que pueda causarle problemas».
[...]
Fragmento del artículo La habitación del hijopublicado por don Artuto Pérez-Reverte en la revista XL Semanal del 16 de agosto de 2009.
Puede que haya llegado el momento de revelar algunas verdades harto evidentes, que el encefalograma plano del capitalismo en quinta y sin frenos, con su catecismo, la publicidad, se han encargado de ocultar a la masa descerebrada de los “trabaja y gasta hasta que te mueras”, consumidores compulsivos de marcas anunciadas en televisión.
No sé si han probado el refresco de cola Freeway que venden en el LIDL. Si no lo han hecho compren al menos uno y denle un trago. Si su cerebro no está marcado a fuego con el logo de Coca-Cola comprobarán que sabe exactamente igual que el refresco que nos quita el sueño con su cafeína, a precios abusivos, obra y gracia de su publicidad millonaria.
El asqueroso anuncio de Fanta, con esa cancioncilla molesta y estúpida, cantada por tres imbéciles masca chapas debería de ser motivo más que suficiente para no consumir dicha marca, que por otra parte tiene su perfecta y muy digna competencia en la bebida Orange de Freeway.
De todos es sabido (de todos los que entendemos algo de este diabólico negocio que se llama publicidad) que el público más estulto es el más vulnerable a los envites de los anuncios en televisión, la imagen de marca, las promociones, las campañas de márketing y demás zarandajas que son veneno para el cerebro y el bolsillo. Es individuo-masa más estúpido es el más consumista y es el que estará dispuesto a vender su alma al diablo con tal de poder comprar lo mejor (o lo que le han hecho creer que es lo mejor) cueste lo que le cueste.
Un ejemplo es el mercado de zapatillas de deporte. Cuántos imbéciles se gastan nada más y nada menos que 80 € en las All Stars cuando las zapatillas Wintop cuestan una cuarta parte y son EXACTAMENTE IGUALES. Está bien, es su dinero, pero no deja de ser curioso el retraso mental que supone creer que se es mejor porque exhibas el logotipo Nike, Adidas u All Stars (o D&G, DC, Volcom, Vans y demás productos para pijos megacaros) .
Existen unos libros muy interesantes acerca de la verdadera cara de estas marcas, representantes de auténticos terroristas económicos que son las multinacionales que se aprovechan de la ignorancia de sus consumidores para darles gato por liebre: Uno es “No Logo” y el otro “El libro negro de las marcas“.
¡Comunista, rojo! Me gritaría más de uno al oír mis diatribas contra la publicidad y las marcas. Craso error. Más de una vez he tenido que entonar un “quién te ha visto y quién te ve”, ya que la ignorancia y la estupidez no entiende de ideologías: Individuos de un comunismo acérrimo (de pegatina claro está), punkis de esos que ocupan casas que no son suyas y declaman contra el PP (aunque no sepan quién es Bakunin y confundan comunismo, anarquismo y socialismo, y mezclen el nazismo con el liberalismo con nacionalcatolicismo), e incluso pies negros tipo Macaco-Manu Chao-Muchachito (“como os quiero planticas”) de esos que te dan la brasa con el desarrollo sostenible, el comercio justo y el buen rollito tipo Amparanoia, que mal rayo les parta y que siempre van con el perro que seguro que come Pedrigee Pal, como digo, esos tipos que todos conocemos son consumidores de móviles de última generación, de zapatillas Nike, Coca-Cola, y además tienen coches de alta cilindrada, por no decir que más de uno tiene un papá abogado, banquero o concejal de la Junta de Andalucía.
La estupidez e hipocresía no tiene límites. En mi caso, puede parecer que me creo superior y no es que me lo crea, no, es que lo soy.
No hace falta ser un hippie chorra, ni un punki camuflado, ni ser comunista (el que quiera que se vaya a Cuba yo me siento bien en democracia, aunque esté podrida hasta las trancas, piensen que al menos no vivimos en Italia), ni un rastafari arrogante y estulto, ni estar dando la brasa todo el día con el feminismo, lo políticamente correcto, el PP, la guerra de Irak y toda esa bazofia pseudoprogresista que se lleva ahora. Tan solo tenemos que comprar en el mercado de Huelin de Málaga, montar en bici más a menudo en lugar de coger el coche (cuando se pueda), pasar de las marcas en calzado y ropa (gastar más de 20 € en unas zapatilla debería ser delito) y hacer zapping siempre (aunque con el TDT sea más dificultoso): Ver anuncios es malo para el cerebro, seguro.
Y además, podemos beber Freeway fresquito que está muy bueno.
Por cierto un mensaje para los directivos de ENDESA: vigilen sus espaldas.
¡¡¡Bombardeo con mortero a la sede de la SGAE ya!!!.
Con motivo de mi trigésimo cumpleaños, mi gran amigo Gonzalo me ha obsequiado con un ejemplar de El varón domado, un agudo e inteligente ensayo que desmonta el mito de la demagogia feminista y desenmascara el victimismo, típicamente femenino, que denuncia la supuesta opresión a la que se ven sometidas las mujeres.
Cabe aclarar que semejante veneno para la causa feminista no se puede encontrar en las librerías por tratarse de un libro descatalogado, ¿quizá por razones políticas? No en vano su edición tuvo lugar allá por los años setenta, cuando todavía no nos habían absorbido el cerebro los “neocons” liderados por Reagan y Thatcher. Gonzalo lo ha rescatado de su librería privada, allá en Buenos Aires y le ha hecho cruzar el charco para mi particular deleite.
Así, después de treinta años de dominio ultraconservador, tanto izquierdista como derechista, vivimos hoy en día inmersos en un ambiente de estupidez edulcorada e iluminada por la estulticia televisiva, dominada por lo políticamente correcto, el buen rollito tipo Bebe, Macaco y Bibiana Aído, que indigesta de empalagoso que resulta.
Hoy, en plena crisis, resultado de la depredación humana, seguimos con la perorata del feminismo mediocre y ramplón, del ministros y ministras, señorías y “señoríos”, altezas y “altezos” y la madre que las parió a las subnormales lideresas de la liberación de la mujer que ya no saben qué coño inventar.
De ello trata grosso modo este ensayo al que me refiero, obra maestra del pensamiento racional y sincero, escrito por una mujer de verdad, con dos dedos de frente, que entiende que ni las mujeres están oprimidas ni tienen ya nada por lo que luchar. ¿Querían trabajar como los hombres? Pues ya lo hacen, sólo que con la cuartada de la maternidad pueden elegir quedarse en casita tranquilas mientras su hombre trabaja por ellas, pero claro está, esto no lo dicen. Ahora sólo se preocupan de memeces, como destrozar la lengua castellana, entre otras ocurrencias, poniendo sexo (en lugar de género) a las palabras e inventando idioteces como “miembra”, femenino de miembro, como todo sabemos.
El libro destripa a aquellas mujeres, típicas de los países más desarrollados, (las pijas, para entendernos), que lejos de querer trabajar como un hombre y llevar la miserable vida que éstos llevan, prefieren encontrar un marido que gane dinero para ellas y poder así quedarse en casita viendo a Ana Rosa Quintana, echándose cremas e ir luego a la peluquería para estar divinas; todo con la excusa de que tienen que cuidar de sus hijos. ¿Por qué no lo hace el marido? ¿No quieren igualdad? ¿No quieren los gais adoptar niños y educarlos? Si no hay nada de malo en que el hombre se quede en casa cuidando de la prole, ¿por qué es siempre la mujer la que presuntamente sacrifica su vida profesional para no trabajar más que en casa? No será que son demasiado astutas y el objetivo es no trabajar y vivir a costa de los hombres. Parece que sí y es ahí donde pone la puntilla la autora de origen alemán.
Porque seamos francos, es más cómodo estar en casa y echar unas horas, dos o tres a lo sumo, en las tareas domésticas, sin jefes, sin tráfico, ni agobios ni presiones que tener que esclavizarte en un trabajo alienante que nunca podrás dejar porque tienes una mujer y unos hijos que mantener. Ser ama de casa es un puto chollo, digámoslo de una vez. Y quieren cobrar un sueldo encima por estar en casa todo el día, nos ha jodido mayo.
Sí, de acuerdo cariño, tengamos hijos, pero tú trabajas y yo me quedo en casa; la cuartada perfecta. Y así nos vas a los hombres.
La señora Vilar desmiente además, con argumentos convincentes, que la moda o la industria cosmética sean instrumentos que los hombres han ideado para someter la mujer. La mujer disfruta maquillándose, comprando zapatos, ropa, joyas y demás zarandajas materiales, pero todo con el dinero de los hombres. La mujer, y más la mujer de clase media alta, con cierto grado de belleza, suele ser así de materialista, frívola y superficial. Si no, miren a la Bruni o a Leticia, claros ejemplos de mujeres astutas que han conseguido no tener que dar un palo al agua más en su vida.
Todo lo que la mujer hace para su físico no persigue más que un fin: atrapar al hombre que le va a ayudar a engendrar a los hijos que la eximirán en el futuro de trabajar nunca más en su vida. Luego están los divorcios, las pensiones de manutención y en definitiva, la aplicación de leyes creadas por hombres para tener que mantener a las mujeres in aeternum. “Me gusta ser mujer”.
Estas y otras cuestiones se tratan en este maravilloso ensayo, que pone de una vez las cosas en su sitio. Las feministas tienen mucho cuento y son un lobby peligrosísimo que está empobreciendo la vida social y cultural contemporánea. No hay más que ver a las ministras del PSOE, promocionadas por hombres, esto es, apoyadas en los hombres para conseguir sus fines mientras que no paran de quejarse todo el tiempo de lo discriminadas que están en todas partes y lo difícil que es ser mujer. En fin, pura demagogia barata que los hombres nos hemos creído. Ya se sabe que el chantaje emocional y el victimismo son las armas de mujer más antiguas y eficaces de la historia.
La verdad, es una pena que el libro no se edite en España y haya que echar mano a viejos y ajados ejemplares como el que yo he conseguido vía Gonzalo. Sería interesante difundir la buena nueva y liberar a los hombres del yugo de las mujeres, porque todos somos varones domados, de una manera u otra.
Se acabó el eslogan “la mujeres somos libres”. No sólo son libres sino que más libres que nadie, porque pueden elegir trabajar o no. Los hombres también queremos elegir ser amos de casa y liberarnos de las preocupaciones económicas. Igualdad ¿no? Para lo bueno y para lo malo.
Ahora los hombres queremos libertad. Abajo el yugo feminista.