03
Sep
07

Viajar por Europa.

Firenze

Hoy hace exactamente un mes que volví de mi estancia durante cuatro meses en Florencia, y la verdad es que no puedo parar de extrujarme el seso para resolver como puedo escapar de nuevo a algún punto del territorio europeo.
Situada en el centro de la Toscana italiana, Florencia ofrece como capital de dicha región un escenario inigualable, lleno de cultura (por supuesto), gratuita y de pago, enclaves mágicos llenos de historia medieval y renacentista, monumentos increíbles y arte, mucho arte. Y es que de hecho Florencia, como es natural, vive de un turismo atraído por sus monumentos y manifestaciones artísticas (sobre todo americano y japonés). La verdad, si pasar una semana puede ser una experiencia irrepetible, vivir allí durante cuatro meses te cambia la vida para siempre. Por eso este mes de Agosto ha sido bastante duro de superar (como un síndrome postvacacional, y eso que allí estuve trabajando, y aquí estoy rascándome la mandioca). Volver a la playa (que por otra parte se echaba de menos) atestada de turistas, bañados de crema y aftersun, rojos como los ojos de un rasta; volver al paisaje árido y seco del sur de España (en comparación con el verde frondoso de la Toscana); volver a oír el reggaeton desde coches tuneados a 120 km por hora en vía interurbana, y a esos malagueños horteras de edades comprendidas entre los catorce y los treinta años, con sus pelos de pincho con mechas, sus camisetas de tirantes, sus cordones de oro, sus corales y su flamenco hortera al estilo Tati Román; el “zu primo zu hermano”, los “kanis”, en definitiva… De nuevo la feria, la chusma peleona de todos los años y sus armas blancas, el tráfico en la autovía, el calor afixiante, el alcalde De la Torre, Manuel Chaves, Zapatero, Jorge Javier Vázquez, las corridas de toros, la misma oferta laboral en hostelería… ¡Ay! Si las becas Erasmus y Leonardo duraran para siempre.
En un principio solicité la beca en prácticas para Berlín, ya que Alemania (Europa en estado puro) significaba para mí el destino prioritario, antes incluso que Holanda o Reino Unido. Sin embargo, las inquietudes de los malagueños por viajar estaban tan excitadas que lo único con lo que pude toparme en última instancia fue con una beca para la ciudad más importante de la Toscana. Sinceramente, al principio mi interés por Italia era bastante exiguo. ¿Qué me podía ofrecer un país tan semejante al nuestro, con un idioma tan poco útil como el italiano y con una oferta laboral tan pobre como la que padecemos aquí? Es el pesimismo que me caracteriza el que al final permite que acabe sorprendiéndome acerca de las posibilidades que ofrece una oportunidad que no habías barajado a priori. Si bien es cierto que Italia no es un país con una economía muy boyante (de hecho España ofrece más posibilidades, gracias por supuesto al ladrillo y el cemento), salpicada además de una corrupción política constante (aquí tenemos Marbella y al PSOE, pero allí no veas como se las gasta el personal), mal endémico en la sociedad italiana, que provoca el descontento general en la población (esa romántica Mafia que allí supone un lastre para la economía). Por otra parte, la zona de la Toscana, al estar situada al norte del país ofrece una forma de vida típicamente europea, por lo que vivir allí permite disfrutar de una experiencia como podría ofrecerte Munich o Amsterdam, pero hablando italiano (con acento toscano claro está, con esa “c” aspirada tan característica), un idioma no demasiado difícil que se puede aprender en un par de meses, tras algunas semanas de curso intensivo de gramática y pronunciación. Además, para que engañarnos, el inglés en Europa es la lengua más utilizada, y da lo mismo si aprendes o no el idioma de Dante Alighieri, porque el imperio manda, y lo que hay que dominar sí o sí, es el inglés, do you know what I mean?
Ciudad cosmopolita donde las haya, llena de contrastes y bulliciosa (sin llegar a masificarse) como en la época del Renacimiento, ofrece posibilidades culturales infinitas, para todos los gustos (me río yo de la capitalidad cultural de Málaga). A casi quinientos kilómetros de Zurich (distancia entre Málaga y Valencia aproximadamente), Florencia es un enclave digno de ser visitado, con lo mejor (o lo peor) de la idiosincrasia latina y un estilo de vida acorde con las costumbres más genuinamente europeas (sé que me repito, pero es que aquello sí es Europa). Para que hablar de lo que todos ya conocemos, como “Il Duomo”, “La Santa Croce”, “La Galería del Uffizi” “Il Giradino del Bóboli”, “El Palazzo Vecchio”, El David, etcétera. En ese aspecto sabía lo que me iba a encontrar. Se trata de la parte turística de la ciudad (nada que ver con el sol y playa), el centro neurálgico de la cultura italiana, el motor de la economía toscana, lo que todos hemos estudiado y conocemos aunque no hayamos tenido oportunidad de ver: la cúpula de Brunelleschi, la casa de Dante, la Divina Comedia, Miguel Angel, Leonardo… Es indescriptible. Todo eso lo puedes asimilar en un mes (o más) y saturarte de renacentismo y arte universal. Sin embargo yo me quedo también con el río Arno (de su plaga de mosquitos tigre podríamos prescindir), el carril bici (tan típicamente noreuropeo), la cerveza Moretti (y la de importación alemana); la “c” aspirada del acento toscano, la Piazzale de Michelangelo, el Italian Wave Festival, el sistema de autobuses, rápido y práctico; los gitanos de Rumanía y Hungría, la inmigración exagerada de chinos, senegaleses, magrebíes, etc (y aquí nos quejamos); los americanos gastando ingentes cantidades de dinero, los japonenes casándose en “La Santa Croce”; la focaccia, la pasta “al dente”, el helado; los italianos pijos (fiorentinos, milaneses, romanos) tan chulos, repeinados y a la moda de Armani y Dolce & Gabbana (horteras de solemnidad); La piazza del Santo Spirito y sus hippies niños de papá, hijos de aristócratas adinerados, Il Prato; el pueblo medieval de San Gimignano, Livorno, Pisa, Pistoia… En definitiva, una experiencia inolvidable, como un sueño del que por desgracia desperté ya. ¿Y qué le hacemos? Esperemos poder salir del África desarrollada que es Andalucía y volver a la Europa de verdad , esta vez a Alemania (la del este que es más barata) y volver a disfrutar de una Europa que a base de equivocarse (como uno mismo) no deja, en cambio, de enamorarme a cada instante con su cultura, su arte, sus intelectuales, su filosofía, su política y sus variopintas organizaciones sociales. No obstante, viajar cuesta dinero (si fuéramos americanos no habría problema) y las becas, gracias a dios, están ahí. Confiemos en el estado, o en la lotería de Navidad o en encontrar un buen empleo que me permita recorrer en esta vida (y sólo en esta): Alemania, Holanda, Bélgica, Reino Unido, Suiza, Francia, República Checa, Dinamarca, Suecia… hasta Islandia y más allá. Con eso me conformo.

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3 Responses to “Viajar por Europa.”


  1. 04/09/2007 en 23:03

    Timón, timón, timón… Cuanto me alegro de que hayas escrito de nuevo. Espero que no sea el último.

    Por cierto, quita eso de que tengas que estar registrado para comentar.

  2. 2 Desde el cariño
    05/09/2007 en 20:49

    Demasiado largo tronco. Excesivo uso de los paréntesis y muy repetitivo. Pero no está mal. Ya irás mejorando chaval. No desfallezcas, puede que llegues algún día a escribir bien.

  3. 05/09/2007 en 20:57

    No lo será Daniel. Quiero practicar para hacerlo mejor cada vez. Ya he quitado lo de los comentarios por fin. Gracias por tu atención.
    Desde el cariño, ¿de qué vas? En fin, puede que lleves razón, gracias de todas maneras.


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