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Sep
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Venghi, el vencejo fiorentino (II)

Venghi se encontraba tan débil, que a pesar de estar hambriento, no podía comer nada. Pronto comprendió que no era su mamá la que le daba el alimento. Ella jamás le hubiera traído aquel líquido blanco asqueroso que le amargaba el pico y le producía ardor. Al principio tragó con fuerza lo que sea que le estaban administrando. Pero luego cerró el gaznate con la idea de no volver a abrirlo jamás. Yo quiero insectos, no soy un gorrión, pensaba. ¿Dónde estaba? Escuchaba sonidos que jamás había oído. Sentía que lo tocaban y una gran agitación a su alrededor. Intuía que se preocupaban por él. No estaba asustado en absoluto. Sólo quería comer, porque de lo contrario pronto iba a morir. Aunque quizá fuera lo mejor. Su madre ya jamás lo encontraría y sus hermanos estaban lejos, a salvo en su nido, engullendo sabrosos mosquitos. Ojalá se encontrara con ellos ahora mismo, no aquí, en una caja, solo, moribundo y sin nada que llevarse al pico. Si no hubiera sido tan impaciente. Al menos no hacía calor y estaba a salvo del sol y de los depredadores. Lo único que lo inquietaba era que su almuerzo no llegaba. ¿Sabrían estos seres tan descomunales recoger insectos para él? ¡Quiero comer ya!

Elena no sabía que hacer. La inquietud de que su novio la censurara por traer una ave inválidaa casa, se había disipado. Ahora éste se hallaba entretenido buscando información sobre la especie que tenían entre manos. Gracias a una conexión wii fi que cogían prestada a un incauto vecino sin clave de acceso, pudieron investigar sobre el tema en foros y webs especializadas. Pronto descubrieron que el pájaro encontrado era un vencejo y que se alimentaba de insectos. Un asunto que suponía un problema, ya que, si bien es cierto que su casa se encontraba plagada de mosquitos tigre, resultaba imposible cazarlos vivos sin aplastarlos. Además, el pequeño vencejo necesitaría cientos de ellos, administrados asiduamente, para poder sobrevivir y desarrollarse. Elena y su novio resolvieron alimentar al pobre animal con hígado de pollo, rico en proteínas. Mas descubrieron que el alimento ideal para este tipo de aves eran los tenebrios (larvas de escarabajo), altamente proteínicos. La cuestión era dónde encontrarlos. Tras una tarde entera de búsqueda ininterrupida por toda Florencia, hallaron una tienda perdida, donde no sólo vendían perros y gatos, sino todo tipo de insectos, peces, aves y roedores. Una fiorentina muy amable resolvió regalarles las larvas para el pajarillo. Administrar hígado de pollo había supuesto un suplicio, ya que el tozudo vencejo, no abría el pico si no era obligado. Estaba claro que no le gustaba semejante comida sanguinolenta. De esta forma no había posiblidad de que el pájaro comiera suficiente para sobrevivir. En cambio, con los tenebrios en su poder, se abría un nuevo horizonte de esperanza para Venghi. No estaba todo perdido.

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Vaya, ¿qué es esto? Por fin algo rico. Venghi no paraba de comer. Ya no había que obligarlo. Los tenebrios, como gusanillos con patas, amarillos y cimbreantes, suponían un auténtico manjar para el pájaro. Poco a poco fue recuperando el brillo y la tupidez de sus plumas. Crecía y engordaba cada día más. Suponía una verdadera responsabilidad para sus benefactores, que no podían ausentarse más de cinco horas, ya que debían alimentarlo con regularidad. Venghi ya no dormía tanto y se mostraba inquieto y juguetón. Asía con su pico todo cuanto se le ponía por delante. Piaba cuando aparecían sus nuevos padres para darle el desayuno y batía sus alas cuando estaba contento. Además, resultaba muy curioso que hiciera sus necesidades fuera del nido, para lo que salía, con gran dificultad, porque sus patitas de vencejillo no le permitían moverse con agilidad. El problema estaba resuelto. Lo único que quedaba era que se hicera lo suficientemente fuerte y grande como para que pudiera volar, con la ayuda de sus tutores, por supuesto. Los vencejos son aves que no necesitan clases de vuelo, si no que cuando ya están bien desarrolladas, se dejan caer del nido y vuelan, sin más. Esto suponía una tranquilidad para todos. Pronto Venghi, surcaría los cielos de toda Europa, y todo gracias a Elena y su novio gruñón.

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