14
Sep
07

Generación LOGSE.

Mi hermana empieza el lunes 17 de Septiembre un nuevo curso académico. Gracias a que es una niña aplicada, ha conseguido pasar a 3º de ESO sin ninguna asignatura pendiente. Puedo afirmar que es lo único, relacionado con el mundo de la educación, de lo que puedo sentirme satisfecho. Sólo me inquieta su inminente paso al Bachillerato dentro de dos años. Porque hace algunos días la ministra anunció una revolucionaria medida “made in PSOE”, para mejorar la calidad de la enseñanza: los alumnos de primero de Bachillerato que suspendan hasta cuatro materias podrán pasar a segundo. Es decir, que aunque no estudies (porque no se trata de capacidad, sino de esfuerzo), puedes pasar al siguiente nivel sin ningún problema. Esto implica una cuestión: si en primero no dabas golpe con un solo curso que superar, ¿quién va a ser capaz de sacar adelante segundo y las cuatro pendientes de primero? Ahí está la trampa; los estudiantes podrán realizar el Bachillerato en tres o cuatro años (matriculados con asignaturas de primero y algunas de segundo), y reducir así las estadísticas de abandono escolar y colocarse la medalla: “hemos mejorado la calidad de la educación, no hay quien nos pare”. Estas son las luminosas ideas de una ministra que pretende hacer que los alumnos estudien, lanzándoles un mensaje: “tranquis coleguis, no os matéis estudiando, que el buen rollito progre vela por vuestro futuro chupiguay. Sin prisa chavales, no sea que os agobiéis”. Así, los alumnos tendrán más tiempo para jugar a la PSP, ver El Gran Hermano, El Tomate y Supermodelo 2007. Todo esto sumado a más de quince años de LOGSE y a la nueva ley (que de nuevo tiene poco), no ofrece un horizonte muy halagüeño. Todos estamos de acuerdo en el desastre que ha supuesto una ley educativa, patrocinada por el socialismo español, que ha emplazado a nuestro país en la cúspide del fracaso escolar en Europa. En Andalucía, si cabe, la situación es todavía peor (Andalucía Imparable). Devaluado el valor del esfuerzo, y considerada la disciplina como una evocación de regímenes militares, canalizada por el maestro o profesor, al que se le priva de toda capacidad para imponerse ante el alumnado, los colegios se han covertido en centros para contener a los chavales, entretenidos y alejados de las calles; para que no den “el coñazo”. Además, cada vez son más los jóvenes que abandonan los estudios después de la educación básica (el 29,9%, para ser exactos). Quizá ahora, con la medida de la ministra Cabrera, los alumnos se animen a realizar el Bachillerato, pero no deja de ser una forma de justificar los medios. La premisa no es que sea difícil superarlo, ni que haya estudiantes torpes que no puedan con el nivel exigido; la cuestión es que desde la administración se alienta el tedio, la apatía (de profesores y alumnos) y la más absoluta vagancia. Y no es sólo que los adolescentes no quieran estudiar, sino que los que lo hacen, no acaban bien preparados. Cada vez son más los estudiantes cuyo nivel de lectura es ínfimo y ni siquiera son capaces de expresarse correctamente de forma oral; no digamos ya por escrito. Existe toda una generación, comprendida entre los trece y los veinticinco años, cuyo nivel cultural es rídiculo. Sin embargo no es justo cargar todas las tintan contra la ley educativa. Está claro que el colegio y el instituto están para formar a las nuevas promociones, y en la actualidad, los recursos docentes son bastante pobres y partidistas. Mas, durante los últimos quince años hemos vivido un periodo en el que la educación familiar, responsabilidad de los padres, se ha visto muy mermada en cuanto a disciplina. Ahora somos un país rico y los niños tienen todo lo que quieren, menos rigor y severidad para hacer lo único que se les exige: estudiar, aprender y aprobar. Es más, algunos ven como sus hermanos mayores, o los de sus amigos, estudian carreras interminables, realizan másters millonarios para luego engrosar las filas del paro o acabar trabajando de hamaquero en La Carihuela. A veces parece que resulta mejor abandonar los estudios a tiempo, encontrar un trabajo que no exiga formación, que son los que más abundan en este país, y ganar un buen dinero para el coche y la casa. En una España, cuyos motores económicos son la construcción y el turismo, ¿para qué voy a estudiar si de peón gano 2000 euros del ala? Así, se ha conformado toda una generación, desde 1990, hasta hoy, cuyo único objetivo es poder gastar mucho dinero, salir en la tele, bailar reggaeton y ser como el conde Lecquio. Se ha instalado, en el imaginario colectivo, la idea de que estudiar no sirve para nada. A los “empollones” (que aún los hay), estudiosos y leídos, se les margina y trata como bichos raros. Ya lo dijo Homer Simpson: “Leer es para lerdos”. La generación de la LOGSE es así. Ahora será la de la LOE; más de lo mismo. Educación para la ciudadanía arriba a las aulas como el nuevo catecismo del sistema educativo. La salvación que esperábamos. Seguiremos igual entonces, resignados, sólo que ahora, quizá, surjan nuevos votantes que ayuden a perpetuar el gobierno dominante. Y yo que pensaba que el adoctrinamiento era cosa del pasado.

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2 Responses to “Generación LOGSE.”


  1. 1 dac
    14/09/2007 en 14:27

    Muy bien timón! En tu linea.

    El problema de la educación es uno de los más grandes en nuestro país.


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