03
Oct
07

Atún y desodorante.

Imagino que a estas alturas todos conocemos la notoria campaña publicitaria de atún Calvo que ha causado furor en las televisiones de toda España. Parece que las agencias de publicidad han despedido a todos sus “copys” (creativos encargados de elaborar los aspectos textuales del anuncio, como el eslogan) y han decidido ceder a la estulticia que impera en televisión y deleitarnos con un anuncio que no deja indiferente a nadie; es de lo que se trata al fin y al cabo.

El spot publicitario ha encantado a los espectadores (como a este intelectual al que le chifla y lo analiza en profundidad) de todo el país gracias a una retahíla basada en un tema bakalao de los noventa de Chimo Bayo (Así me gusta a mí); un elaborado mensaje comercial como se puede comprobar a continuación.
Hú! Há!
Hú Há!
Sacatum Sacatum tam tam tam que summun pen que tum pan que tepetepetam to que summun que tum.
Hú Há!
Sacatum Sacatum tam tam tam que summun pen que tum pan que tepetepetam to que summun que summun. que tum.

calvomarineros.jpg

No se puede decir que el spot no logre captar la atención del espectador (¡Hú Ha!), harto de cortes e interminables bloques publicitarios. Es cierto que cada vez es más complicado atrapar al público para que mire un aviso sin que recurran al, odiado por los anunciantes, “zapping”. Además, la realización audiovisual es impecable, con una estética muy cinematográfica; eso no se lo quita nadie. Es posible que el tema “bakalao” que recupera el anuncio no sea más que un homenaje al mundo de la pesca de altura, y ahí radique la gracia del spot (“atún-bacalao”, para partirse el pecho de risa). En definitiva, ¿cuál es el mensaje del aviso? ¿Realmente funciona la publicidad de este tipo en televisión? Quizá, al ser Calvo una empresa de irrefutable solvencia, llega un momento en el que sólo se persigue llamar la atención y no el incrementar las ventas. O quizá sea un aviso para crear imagen de marca (menuda imagen), muy importante para los anunciantes. Cuántas veces ha ocurrido, empero, que un anuncio ha vendido mejor la banda sonora, o algún producto ajeno al que a priori quería publicitar (véase el muñeco de Elvis en el salpicadero en un spot de una conocida marca de automóvil). ¿Se pondrá de nuevo de moda el tema “bakala” que hizo furor hace quince años?

Lo cierto es que este tipo de avisos se está imponiendo en el ámbito de la publicidad audiovisual de forma inexorable. Si no, qué me dicen del spot de Axe: Bom Chicka Wah Wah!. Otro elaborado eslogan, que no dice nada concreto, pero que con el contoneo de la chica en celo que aperece en el anuncio, deseosa de aparearse con el que use la marca líder de desodorantes en el mundo, no necesita más mensaje. Axe sigue en su línea; vende la imagen de su producto como un infalible elixir para atraer a las mujeres; ¿se lo creerá el público? Hasta han elaborado un videoclip cuyo tema musical repite continuamente el inteligente eslogan de su campaña: Bom Chicka Wah Wah!. Suena a canción inglesa del verano tipo Wannabe de las Spice Girls o Saturday Night.

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La cuestión es que somos bombardeados cada vez más por anuncios con mensajes de muy dudosa eficacia y evidente estupidez. No me vayan ustedes a decir que lo del Sacatum que summun que tum o el “Bom Chicka Wah Wah” es de recibo. Tan difícil es producir anuncios con eslóganes ingeniosos o con un mensaje original e inteligente (el anuncio del Golf, por ejemplo). Yo no soy publicista y hablo sin saber. Quizá, tras estudios de mercado y maratonianas sesiones creativas, el único resultado posible para garantizar el éxito de una campaña sea inventarse eslóganes para retrasados mentales. Quizá tenemos una publicidad a la medida de la población mayoritaria en España, enganchada a Aquí hay Tomate y Yo soy Bea. Lo más probable es que yo sea un neurótico estulto que no comprende las innovaciones publicitarias; los expertos son ellos y no yo, eso es cierto.

Sin embargo, doy gracias al cielo; primero porque haya anuncios que hacen posible la televisión en abierto, aunque la mayoría de su programación sea vomitiva (algunas cosas se salvan, no crean); segundo porque exista un instrumento como el mando a distancia que permite eludir la dichosa publicidad, cuya eficacia nadie pone en duda, a pesar de que sea muy fácil esquivarla.

Lo óptimo sin duda sería no ver la televisión, pero eso es imposible. No obstante, y para terminar, quiero dar un consejo publicitario importante: “Compren atún del LIDL, sacatum tam tam, a 50 cétimos la lata, que summun que tum”. “Usen desodorante Deliplus, del Mercadona, a mitad de precio, Bomb Chicka wah yeah!, que la cosa está muy mala”. Es así ¿no? Pues eso.

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2 Responses to “Atún y desodorante.”


  1. 1 dac
    04/10/2007 en 00:19

    Que no eres publicista?

  2. 04/10/2007 en 07:20

    No lo soy. Soy licenciado, pero no ejerzo con lo cual, no soy publicista 😀


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