09
Oct
07

Mejor me encierro en casa, gracias (1).

Cómo estamos, señores. Se ha desatado la locura y no dejamos de asistir a espectáculos que nos hacen estremecer. Hay quien se rasga las vestiduras por la quema de fotos del rey; aunque, qué me dicen del rictus de aquellos que las incendian; lo que hace el aburrimiento. No sabría discernir quiénes son más dementes, si los que encienden las iras de unos, o aquellos que no dejan de escandalizarse por todo. ¿Qué ocurriría si alguien quemara fotos de Ibarretxe, Pujol o Carod? ¿Cuáles serían las consecuencias de que se quemaran senyeras o ikurriñas? No quiero ni pensarlo. Mas, sólo son banderas y fotos, señores; no seamos tan estúpidos como para buscar motivos para andar a la gresca, por nada. Es muy triste que en un país donde todavía queda mucho por hacer, con una desaceleración económica en ciernes, con las familias hasta el cuello y un sistema educativo decadente, estemos con semejantes locuras en la cabeza, que no llevan a ningún sitio.

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Como el atentado de ETA esta mañana en Bilbao (esto sí que es grave); más de lo mismo. El mismo discurso de los mismos pirados de siempre, con el mismo objetivo absurdo que tampoco llega a ninguna parte. Siento hacerles saber a los criminales de ETA que si no quieren ser españoles dejen de comportarse como tales, esto es, de una forma absolutamente irracional. ¿Habrá algo más español que el no querer serlo? ¿Habrá algo más visceral que un español? Aún sufrimos los rescoldos de la ignorancia en la que estuvimos sumergidos tanto tiempo. Parece que los peor del franquismo no fue el propio régimen, sino las secuelas que sufrimos los que hoy vivimos en España. Las dos Españas, dicen algunos. Con una nos basta y nos sobra. Y en ella, aunque les pese, los vascos son más españoles que nadie.

Esa ignorancia y oscuridad, como digo, aún hoy pervive, y de qué manera. El viernes pasado, un subnormal de unos 25 años fue a ajustarle las cuentas al director de un centro público de educación secundaria de Campanillas por haber expulsado a su hermano. Se concoce que el alumno amonestado no estaba muy bien de la azotea, ya que agredió a otro compañero con un palo. Comprobamos que la memez es consanguínea y se extiende inexorablemente como un cáncer por toda la población. Pero no podía considerarse completa la jornada sin algunos episodios de violencia de género como la ocurrida ayer en Torremolinos, en la zona de El Calvario. Otro acémila, de los muchos que abundan, intentó acabar con la vida de su pareja y su hija con un hacha; no lo logró. No tuvo tanta suerte la agredida en Córdoba por su ex pareja, que sí sucumbió ante la brutalidad que nos rodea, nos inunda e infecta sin que podamos evitarlo. Más lejos, en las tierras del imperio, en Wisconsin, un ayudante del sheriff local de 20 años, movido por los celos, ha matado a su ex novia y a todos sus amigos cuando estaban en una reunión. Debió pensar que se lo estaban montando todos con su chica, el muy garrulo. Como ven, no hay diferencia entre unos lugares y otros. La estupidez, la ignorancia, la irracionalidad y el crimen, están a la orden del día en todo en mundo por igual. Así da gusto ¿verdad?

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Y a qué se debe todo este pesimismo catastrofista, se preguntarán algunos. Pues sólo es fruto de una acumulación de macabros sucesos en el día de hoy y a una desafortunada experiencia personal vivida hace un par de días. Recibí una llamada de un muchacho que decía haber dejado embarazada a mi hermana de catorce años. Debió pensar el retrasado que yo era el padre y quiso jugarme una mala pasada. Al ver que no colaba la bromita y ante las amenazas que proferí empezó a increparme al teléfono. Estoy amenazado por un niñato subnormal de diecisiete años, aquí, en el municipio donde vivo. No temo por mí, temo por mi hermana, puesto que está claro que el muchacho la persigue e intenta perjudicarla, como luego he confirmado, por no ser correspondido a sus pretensiones amatorias. Espero que no ocurra nada grave, aunque tomaré mis precauciones.

Andaremos con cuidado y vigilaré mejor a mi hermana. No te puedes fiar un pelo de nada ni de nadie. Un descuido puede ser fatal en los tiempos que vivimos. No pienso confiarme, aunque no quiero caer en una psicosis y volverme un demente.

Estos días, no obstante, sólo he pisado la calle para jugar al fútbol, ayer a la noche. Hasta el viernes, mejor me quedo encerrado en casa (a no ser que deba salir por fuerza mayor, como recoger a mi hermana). La verdad, no estoy de humor; tampoco están las cosas como para estarlo.

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2 Responses to “Mejor me encierro en casa, gracias (1).”


  1. 09/10/2007 en 21:38

    Qué don tienes para empezar hablando de una cosa y terminar por otra bien distinta. Timón timón, si hace falta nos damos unas vueltecitas por torremolinos partiendo piernas 😉

    Saludos, A ver si quedamos!

  2. 10/10/2007 en 01:42

    Se ha notado que he mezclado. El viernes es fiesta.


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