Archivo para 29 agosto 2009

29
Ago
09

¿Adónde se fue el estilo Louise Brooks?

No me gusta hablar de modas ni tendencias, entre otras cosas porque es un universo que no entiendo en absoluto. Si bien es cierto que alguna vez escribí sobre los nuevos “modernos” del siglo XXI, alimentados al calor de la bonanza económica y aparentemente extintos (más bien camuflados) por el momento, no quisiera repetirme con un tema que ya ha levantado no pocas ampollas y que considero zanjado.

Si retomo la cuestión es en parte porque alguien me lo ha pedido. La razón es Louise Brooks, una actriz de cine mudo hermosísima, facinante y bizarra como pocas. Su corte de pelo, su forma de vestir, de posar en las fotos y de mirar a la cámara ha sido imitada hasta la saciedad por todas las advenedizas del “moderneo” imperante en los últimos años. Pero la cuestión es: ¿La imitan directamente por admiración incondicional o sólo se copian unas a otras sin ton ni son? ¿Saben qué es una “flapper” o sólo copian lo que es considerado como moderno? ¿Saben que el cine mudo existió o creen que es una leyenda? Tengo mis dudas.

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Recordemos que ser “moderno” (obviemos la acepción de la RAE) implica poseer cierta sensibilidad artísitica (fotografía, pintura, poesía, interpretación), mostrar cierta ambigüedad sexual y hacer alarde de un esnobismo y afectación tales que parezca que hemos viajado a la corte de Luis XV en Versalles o al Nueva York de los 60 con Warhol y su galería de freaks.

La moda es muy importante, a veces incluso lo más importante. El lema del moderno siempre es y será: “No es tanto ser como parecer”. No importa que no seas artista y no poseas ningún talento, el objetivo es parecer especial, sacar la testa del pozo hediondo de la mediocridad, como Yoko Ono al lado de Lennon.

Hace unos tres años, – antes de que se impusiera más el estilo “pin-up”, emulado hasta el hartazgo por modernas y no tan modernas en revistas, televisión, publicidad y entrega de premios -, había algunas chicas que imitaban, quizá sin saberlo, el estilo de la actriz Louis Brooks, mostrando sus pechos en Fotolog, Myspace y demás, protagonizando incluso escenas de ambigüedad sexual, para deleite del respetable.

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Existen mujeres que no quieren ser como Lucía Lapiedra o Victoria Beckam. En el mundo de la autopromoción en Internet hubo quien se abrió paso enseñando sus bellos pechos al estilo de las “flappers” de los años veinte. ¿Es el ansia de parecer diferente lo que impulsa al moderno a abrazar la moda retro o verdaderamente se sienten atraídos por la estética de los “happy twenties”?

Los locos años veinte corresponden a un periodo de bonanza económica que vivió EEUU desde 1922 hasta el crack de 1929. Más o menos como ahora, que hemos vivido una época de vacas gordas desde el 2002 (después del 11-S) hasta el 2009. No sé si tendrá relación o no pero entre 2006 y 2008, toda “modernita” de pro debía parecerse en lo más posible a las “flappers” y así las he visto yo en tropel por el Village Green de Málaga.

Hoy ya no es así, y resulta curioso. Estoy seguro de que la razón no es otra que el efecto de imitación generalizado que ha obligado a los cabecillas del mundo “moderno” a reciclarse para seguir siendo especiales. Los años 60, 70 y 80, el estilo “pin-up” e incluso el atuendo decimonónico de parnasianos y simbolistas han sido algunas de sus opciones para encontrar su lugar por encima de la mediocridad imperante. Resulta paradójico que se les llame “modernos” cuando su estilo no deja de ser retro. Para mí ni son modernos, ni retros ni nada que se les parezca. La palabra es petimetre, del francés (petit maître), que tanto les gusta.

Por mí como si les da por vestirse con toga o de vikingo. Mientras no toquen mucho los huevos que hagan lo que les parezca.

Eso sí, las chicas saben que para ser alguien en el mundo del arte hay que enseñar carnes y lo hacen de cualquier modo. Una idea que os doy chicas: Elisabeth Taylor en Cleopatra.

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Moderna publicitando su talento al estilo "flapper".

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27
Ago
09

Algunas razones para cuestionar el cine español.

Perdona bonita pero Lucas me quería a mí (1996).

Comedia homosexual  superficial  y sin chicha que destapa todos los tópicos más absurdos sobre el mundo gay. Y todo antes de que Pepón Nieto dilapidara su carrera con Los Hombres de Paco. Al final Lucas le quería a él.

Carne Trémula (1997).

Los críticos la calificaron de obra maestra, como a casi toda la obra de Almodóvar. Si fue lo mejor de aquel año, imaginen cómo fue lo demás.

La camarera del Titanic (1997).

Soporífero film del director más sobrevalorado del cine español.  ¿Qué ha aportado Bigas Luna al cine español de los últimos tiempos?

Cha- cha- cha (1998).

Comedia romántica para idiotas que dejó claro a Jorge Sanz que el siglo XXI no iba a ser fácil para él. ¿Dónde estás Jorge?

Nada en la nevera (1998).

El año 1998 fue si cabe peor que el anterior.  El ansia por atraer al público joven engendró idioteces tan rotundas como esta película.

Sobreviviré (1999).

Lucía Etxebarría firma el guión de este film insulso y vacío especialmente indicado para adolescentes con crisis de identidad sexual.

Los sin nombre (1999).

Balagueró es un claro ejemplo de superación personal. Después de este film aburrido pero aceptable y de firmar la peli de OT, Jaume remonta con Frágiles y sigue los pasos de George A. Romero con la cinta de zombis infectados de Rec. Pero… y ahora qué.

Gitano (2000).

Sin duda la peor película española de todos los tiempos. Mal guión, mala realización, y la desternillante (por pésima) interpretación de Joaquín Cortés. Hasta yo lo hubiera hecho mejor si hubiera dirigido un film en aquellos años.

Amor, curiosidad, prozak y dudas (2001).

Si quieren un consejo lean mejor la novela si les gustan las historias de mujeres insatisfechas enganchadas a los ansiolíticos. La película es mala hasta decir basta. Al menos sirvió para que la Etxebarría dejara de escribir guiones de cine.

Gente Pez (2001).

La idiotez elevada a su enésima potencia. Película recomendable para mentes pueriles y superficiales. El cine adolescente aún estaba en pañales. Prefiero Fuga de Cerebros.

Lucía y el sexo (2001).

Después de Los amantes del círculo polar, Julio Médem da una vuelta de tuerca a su pretenciosidad con una película que sólo interesa a los enamorados de Paz Vega. El caos de Médem seguiría algunos años después sin aportar nada nuevo bajo el sol.

El oro de Moscú (2003).

Jesús Bonilla es muy gracioso cuando hace de garrulo en Los Serrano, pero como cineasta es mejor que se retire. Menos mal que después de este film decidió no volver a dirigir jamás.

Carmen (2003).

Sería injusto decir que la película es muy mala. Si la ves una vez no querrás volver a verla de nuevo. Se cumplen todos los tópicos españoles para hacer las delicias de las mentes más castizas y cañís. Paz Vega a lo suyo: poner cachondo hasta al apuntador.

El habitante incierto (2005).

Claro ejemplo de cómo desaprovechar una buena idea y crear una cinta aburrida e inverosímil. Se desinfla casi a mitad de la trama y hay que hacer grandes esfuerzos para no cabecear en la butaca. Una buena idea de arranque para realizadores con talento que sepan darle a la historia la originalidad y el interés que se merece.

Yo soy la Juani (2006).

Bigas Luna vuelve a demostrar que nunca ha sido un buen realizador. La técnica, los medios, el favor del gobierno y el uso de actores populares en el entorno “teenager” no son bazas suficientes para convencer.  Dedíquese a otra cosa buen señor.

7 minutos (2009).

González- Sinde se empeña en perpetuar el estilo de cine ramplón e insulso que se producía en los años 90. Seguro que las películas de esta lista le deben encantar. Ejemplo de cómo el Estado merma la calidad del cine en España.

Mentiras y Gordas (2009).

Sin comentarios.

19
Ago
09

Me avergüenzo mucho.

Llega una edad en la que no puedes evitar añorar el pasado como si ya fueras un abuelo senil. En pleno “revival” de los años ochenta uno se acuerda de su tierna infancia y le vienen a la cabeza los curris y la Montaña Basura de Los Fraggle, Michael J. Fox en Teen Wolf (De pelo en pecho) o las primeras tetas que pude ver en la pantalla con Porky´s. La Bola de Cristal, Radio Futura, Gabinete Caligari y el desconocimiento de lo que significaba zapear. Sin móviles ni Internet. Sólo la Master System, la Game Boy y los libros del Barco de Vapor (María Gripe) y Michael Ende con las historia de Bastián en Fantasía.

De aquella época no me avergüenzo de casi nada. Todo se tuerce en los años noventa. En el instituto lo guay era ser “grunge” a lo Cobain, con el pelo largo grasiento y la ropa de cateto de pueblo maderero del norte de USA (camisa de cuadros raída y pantalón de pana o vaquero con las rodillas destrozadas). Bunbury era entonces un cantante de rock y no un feriante asmático. Además Michael Jackson dejó de ser negro y no paró de cagarla hasta morir.

Pero lo que más me sonroja de mi época de adolescente son algunas de mis filias literarias. Influido por la idiotez universitaria que ya repuntaba allá por mediados de los noventa, topé con una escritora procaz y dubitativa llamada Lucía Etxebarría. Una compañera pseudoprogresista me prestó el premio Nadal del año 1998, Beatriz y los cuerpos celestes, que sin dejar de ser una gran novela adolescente para niños pijos en plena comezón existencial, encumbró a una escritora en ciernes que hoy se revela como una imbécil con ínfulas de intelectual.

sin comentarios

sin comentarios

Leo el diario Público y me la he topado en un suplemento de verano. No he podido dejar de ruborizarme al ver la de idioteces que esta mujer vomita cada vez que se muestra en público (nunca mejor dicho). De vergüenza ajena. Aún me abochorno más cuando recuerdo la de libros que compré y leí de semejante mamarracha. En lugar de amueblar mi cabeza con literatura de verdad, perdí mi tiempo con boñigas verbales de la talla de Nosotras que no somos como las demás, Un milagro en equilibrio o Amor, curiosidades, prozac y dudas, novela de la que encima vi la película; una majadería como la copa de un pino. No queda ahí la cosa. Que también vi Sobreviviré, bodrio del año 1999 (de la que ella fue co-guionista) que ya demostraba la podredumbre que padecía entonces, y sigue padeciendo, el cine español.

Lucía Etxebarría hace tiempo que ya no escribe novela, ni ensayo, ni poesía (nunca ha escrito poesía, sino que la ha plagiado). Ahora se dedica al noble arte literario de la autoayuda con bazofias del tipo Ya no sufro por amor o El club de las malas madres (que hoy leen las amas de casa aburridas admiradoras de Ana Rosa).

Entre muchas otras gilipolleces ha intentado convertir su entrada en wikipedia en una suerte de propaganda autocomplaciente sin conseguirlo (porque para eso están los lectores que corrigen las memeces de esta individua). En su blog podemos vislumbrar su estupidez, su nauseabunda sintaxis y las polémicas en las que se ve envuelta a cuenta de sus corruptos escritos en wikipedia y lo que no es wikipedia.

Por aquellos turbulentos albores del siglo XXI anduve perdido sin remedio. Buscaba respuestas en Paulo Coelho en lugar de preguntar a Umberto Eco o a Punset. Como mi ex novia era bollera y yo era un inepto con las mujeres (me estoy excusando como ven) quise aprender algo en los escritos de esta feminista estulta y demagoga que era Lucía Etxebarría, en lugar de leer al Marqués de Sade o a Giacomo Casanova. Por aquellos días yo creía que el feminismo era lo más e incluso me sentía culpable por tener pene. El feminismo criminalizaba lo masculino por el simple hecho de serlo (y todavía lo hace) y había que ser un hombre sumiso y temeroso de las mujeres. No las seduzcas, no quieras sexo con ellas, no les grites aunque sean imbéciles e imita a los homosexuales que ellos sí son verdaderos hombres: sensibles, inteligentes y guapos. Depílate, usa cremas y ten una actitud afectada como la que tienen los homoartistas de hoy en día. Afortunadamente Charles Bukowski y Henry Miller me sacaron del error. Me he enmendado en lo posible. Pero aún conservo un libro firmado por Lucía Etxebarría en la estantería de mi biblioteca que delata mi horroroso pasado adolescente (De todo lo visible y lo invisible).

Desde aquí pido perdón por haber financiado durante años las pastillas y el alcohol a semejante escribidora de pacotilla. Al menos con mi dinero habrá podido dar de comer a su hija, a la que compadezco de corazón.

Les doy un consejo: Si quieren buena literatura femenina de verdad, no dejen de leer a Ana María Matute (insigne letra K de la RAE). Un pecado de juventud del que aún guardo buenísimos recuerdos.

Un beso para ella.

Pedazo de novela para los amantes de la fantasía.

Pedazo de novela para los amantes de la fantasía.

18
Ago
09

Patente de Corso. Por Arturo Pérez-Reverte. 16-08-2009

[…]

Libros. Hay muchos en la habitación, y jalonan veinticinco años de una vida. Infantiles, aventuras, viajes, textos escolares, materias universitarias, novela, ensayo, arte, historia. Desde niño, leyéndole cuentos e historietas, orientándolo con cautela, ella fue transmitiéndole el amor por la palabra escrita. La puerta maravillosa a mundos y vidas que acaban por multiplicar la propia: aspiraciones, sueños, anhelos cuajados en largas horas de lectura y templados en la imaginación. La intensidad de una mirada joven que explora el mundo en el descubrimiento de sí misma. Estos libros llevaron al muchacho a reconocerse entre los demás, a moverse con seguridad por el territorio exterior, a descubrir y planear un futuro. A estudiar una carrera bella y poco práctica, relacionada con la lengua, el pasado, el arte y la historia. A licenciarse en sueños maravillosos. En cultura y memoria.

Ahora ella, inquieta, se pregunta si hizo bien. Si la lucidez que estos libros dieron a su hijo no sirve más bien para atormentarlo. Lo sospecha al verlo salir de casa para entrevistas de trabajo de las que siempre vuelve hosco, derrotado. Cuando lo ve teclear en el ordenador buscando un resquicio imposible por donde introducirse y empezar una vida propia: la que soñó. Cuando lo ve callado, ausente, abrumado por el rechazo, la impotencia, la falta de esperanza que pronto sustituye, en su generación, a las ilusiones iniciales. Recuerda a los amigos que empezaron juntos la carrera animándose entre sí, dispuestos a comerse el mundo, a vivir lo que libros y juventud anunciaban gozosos. Cómo fueron desertando uno tras otro, desmotivados, hartos de profesores incompetentes o egoístas, de un sistema académico absurdo, injusto, estancado en sí mismo. De una universidad ajena a la realidad práctica, convertida en taifas de vanidades, incompetencia y desvergüenza. Pese a todo, su hijo aguantó hasta el final. Fue de los pocos: acabó los estudios. Licenciado en tal o cual. Un título. Una expectativa fugaz. Luego vino el choque con la realidad. La ausencia absoluta de oportunidades. El peregrinaje agotador en busca de trabajo. Los cientos de currículum enviados, el esfuerzo continuo e inútil. Y al fin, la resignación inevitable. El silencio. Tantas horas, días, años, de esfuerzo sin sentido. La urgencia de aferrarse a cualquier cosa. Hace una semana, cuando llenaba el formulario para solicitar un trabajo de dependiente en una tienda de ropa de marca, el consejo desolador de un amigo: «No pongas que tienes título universitario. Nadie emplea a gente que pueda causarle problemas».

[…]

Fragmento del artículo La habitación del hijo publicado por don Artuto Pérez-Reverte en la revista XL Semanal del 16 de agosto de 2009.

10
Ago
09

Televisión demencial.

Cómo es posible que la televisión privada viole siempre la ley con absoluta impunidad. Baste que sobrepasen con creces los minutos de publicidad permitidos por hora; baste que haya cadenas, como Tele5, que se comporten como la camorra napolitana y que la prensa del corazón haga millonarios a asesinos, arribistas y putas de lujo.

Lo que no me parece lógico es que existan programas en los que se engañe de manera descarada a los (digámoslo) espectadores más idiotas, aparte de noctámbulos e insomnes, de toda la audiencia española. Hablo de aquellos concursos oligofrénicos en el que hay que resolver un enigma o algún problema planteado para ganar una abultada suma de dinero, emitidos a partir de ¿las doce? ¿la una? No sé, de madrugada.

Ayer estaba zapeando (con la TDT es ahora bastante más difícil) sumergido en la duermevela de las tres de la madrugada y topé con la siguiente imagen.

No es 77, ni 86, ni 0. No tiene solución.

No es 77, ni 86, ni cero. No tiene solución.

Cuando vi la operación sentí el irrefrenable impulso de resolverla y el deseo de tener un teléfono en casa. Pero mientras intentaba calcular el resultado oía como la presentadora repetía histérica que el resultado no era ni cero, ni 77. ¿Cómo no podía ser cero? Si ya lo decía Bart, multiplícate por cero. Si ven el último signo matemático de multiplicación que precede al cero, el resultado no puede ser otro que cero. 86 x 0 = 0.

Luego empecé a pensar que quizá hubiera alguna trampa. Dice que sumes todos los números que ves en la pantalla y no que resuelvas las operaciones. Me dispuse a calcular mientras llamaban numerosas personas contestando siempre lo mismo: o cero, o setenta y siete, que es el resultado de la suma de todos los números contenidos en el cuadrado sin atender a los signos matemáticos.

Pues bien, no era ni una cosa ni la otra. La gente llamaba como loca dando todo tipo de resultados disparatados, otros daban con la solución correcta mientras la presentadora se reía a mandíbula batiente. Pronto me di cuenta de que se trataba de una miserable estafa (mi cerebro anda lento pero seguro), a no ser que hubiera que sumar también el número de teléfono, el 8000 y el seis de La Sexta. No me lo podía creer. ¿Cómo es posible que el gobierno no acabe con estas estafas televisivas de un plumazo?

No puedo entender cómo dejan que las cadenas se aprovechen de los incautos espectadores nocturnos para hacer caja a costa de la ignorancia o buena fe de la audiencia que no va a pensar que el enigma no tiene solución alguna porque ni van a dar dinero a nadie ni nada.

Pronto me cansé de indignarme y pude encontrar algo interesante para matar el terrible insomnio que padezco: el torneo europeo de póker con un premio de un millón de dólares, que sí se llevó un jugador libanés de mirada fría y rictus imperturbable.

La televisión no deja de asquearme hasta la náusea. Sí que es verdad que existen programas interesantes, a según qué horas, pero se pueden contar con los dedos de una mano. La cuestión es ¿compensa ver la tele? Yo creo que no. Todo es basura, publicidad, estafas con el móvil y homenajes a la estulticia. Además todo lo mejor de la tele está en Internet.

¿Alguien me ayuda a bajarla a la calle y tirarla a la basura?

07
Ago
09

Estimado cliente.

Ayer llegó por fin la tan ansiada factura de la luz. Como no deseaba amargarme la existencia la dejé sobre la mesa hasta hoy. Esta vez  han sido sólo 29,00 € por el consumo que ellos imaginan que he realizado (el eufemísticamente llamado consumo estimado). Resulta tan absurdo que no sé si reír o sollozar ¿Qué pasará el mes que viene? ¿Leerán mi contador y me darán el palo como de costumbre? ¿En el sorteo de facturas lógicas me tocará a mí alguna? ¿Se figuran la existencia de facturas de teléfono en las que se reclama al cliente una cantidad no comprobada sobre un consumo arbitrario y futurible calculado por una ciencia infusa desconocida?

Algo así ocurre con ENDESA, ese Goliat de la energía al que todos quisiéramos ajustar las cuentas, y no precisamente por las buenas. Después de mofarse de los idiotas de este gobierno mentecato que tenemos, han sacudido el bolsillo de sus adocenados clientes (entre los que me incluyo) y la respuesta del “bonico del tó” de Zapatero ha sido regalar una bombillita de bajo consumo, con la que parece decir: “Yo que sé troncos, lo que cuenta es la intención”. Las asociaciones de consumidores han sido desoídas como siempre por este liberalismo decadente y oxidado en el que nos desenvolvemos hoy en día. La empresa siempre gana porque nos viste, nos calienta (y enfría), nos da de comer y beber y nos hace el favor de ofrecer trabajo cuando a ellos les parece que lo hay. Si no te gusta, carné de partido y a medrar. Así funciona este puto país anclado aún en el XVII.

Ahora que el libre mercado ha llegado a nuestros hogares en materia de energía por obra y gracia de Zapatero el Hechizado. ¿A qué compañía me cambio? A ver. Me ofrecen la misma luz (porque no se trata de ropa ni refrescos ni móviles), casi al mismo precio y con el mismo sistema infame de facturación. Si esto es libre mercado que venga San Adam Smith y lo vea.

Ahora toda la aristocracia política anda a la gresca respecto de la energía nuclear, sus ventajas e inconvenientes. Ya sabemos todos a qué atenernos si elegimos la senda de las centrales nucleares. Se supone que desde 1950 hemos avanzado mucho (o no tanto) en materia de energía. En España no tenemos energía nuclear, la compramos a Francia, a cambio de tragarnos sus residuos que vete tú a saber qué hacen con ellos. Y yo me pregunto: a día de hoy ¿no existen otras alternativas para crear energía limpia y barata? ¿No es ya un poco tarde para la energía nuclear?

Los conservadores lo tienen claro, erigiéndose como siempre en adalides del retraso que padece España desde hace cuatrocientos años, y defienden a ultranza la modalidad atómica. Cuando los países europeos modernos, avanzados y desarrollados pretenden encontrar nuevas fuentes de energía, en España nos planteamos desarrollar un medio de producción energético antiguo, problemático y lo peor de todo, adictivo. La senda de la energía nuclear es un túnel sin  retorno. Permite producir grandes cantidades de energía a un precio asequible a priori, si no fuera porque la ingente cantidad de residuos hay que tratarlos con procedimientos costosos que paga el consumidor (en este caso España, que recibe, a cambio de energía, toda la basura radioactiva generada por las centrales gabachas). Y una vez que un país se engancha a las nucleares, se hace muy difícil, si no imposible, invertir en otras energías más modernas.

Con semejantes argumentos yo ya no sé qué pensar. Deseo como consumidor una energía más óptima, asequible al bolsillo y limpia. Pero parece que aquí los gobernantes se agarran a un clavo ardiendo desde todos los frentes. La dejadez de nuestros presidentes, desde Suárez el Breve, Felipe el Hermoso, pasando por Aznar el Católico, hasta el actual, ZP el Hechizado, ha sido notable. Y ahora queremos nucleares a toda costa; pero oiga, el Springfield que lo pongan en su pueblo, que no en el mío.

...con su corazón de perro...

Accionista de ENDESA.

Lo único que tengo claro es que ENDESA es una empresa mafiosa, tiránica y oscura que ha engañado a sus clientes de forma flagrante con la venia de este gobierno, al más puro estilo español.

“Use usted bombillas de bajo consumo y que sea lo que dios quiera”, es lo único que se les ha ocurrido a esta pandilla de facinerosos inútiles, pagados de sí mismos. Recomiendo un artículo de Pérez Reverte que ilustra con inigualable lucidez la idiosincrasia de esta nueva clase política parasitaria e incapaz.

El problema de este país es que la guillotina, como las nucleares, no llegaron en su momento. A este reyezuelo-presidente le mandaba cortar la cabeza muy a gusto, al más puro estilo revolucionario; ahora ya quizá sea tarde.

“Arriba el pueblo de verdad y que muera el mal gobierno”.

04
Ago
09

Seth MacFarlane Into the Wild Green Yonder.

Después de sólo cinco intensas temporadas de la serie cómica animada de ciencia ficción más laureada de la historia, la FOX al fin reconsideró su errónea decisión de cancelarla en 2003, fruto de la esclava supeditación a las malditas audiencias, y decidió que de nuevo el maestro Groening nos deleitara con las andanzas de Fry, Bender, Leela, El Profesor y compañía.

De ahí surgieron las películas de Futurama. Por qué no se les ocurrió reponer la serie de nuevo; jamás sabremos la causa. Si bien los largometrajes pueden resultar algo flojos y no pocas veces confusos (sobre todo el segundo y tercero) es de agradecer la vuelta a la pantalla de casa de las nuevas aventuras de los empleados de la mejor empresa de transporte interestelar del mundo (Planet Express).

Ayer saqué del videoclub (sí, me gusta mi pantalla de plasma y la calidad DVD) la cuarta entrega de la saga que comenzara en 2007, Hacia la verde inmensidad y me sorprendió su frescura y su desternillante desarrollo. La primera entrega me gustó mucho, pero no colmó mis expectativas. La segunda y tercera me agradaron pero notaba que flaqueaban en algunas partes de la historia (que conste que no dejan de ser divertidas). Pero ayer me quedé pasmado (y eso que era la una de la madrugada y tenía sueño) con la historia de Leela, que entra en una banda de ecofeministas después de que Bender se enrolle con la mujer del capo de la robomafia y Fry consiga superpoderes telepáticos para jugar al póker intergaláctico.

Lo de Into the Wild Green Yonder roza la más absoluta genialidad y es que jamás me he reído tanto con una comedia animada, exceptuando las primeras diez temporadas de Los Simpson, American Dad o Family Guy. Cuál puede ser la clave: Seth Macfarlane, l´enfant terrible de la animación cómica americana. Se conoce que Matt Groening ha querido contar con el talento de Seth para elaborar el guión de la cuarta entrega, y no es por nada, pero su colaboración se nota una barbaridad.

La mejor de las cuatro entregas.

La mejor de las cuatro entregas.

De las cuatro entregas sin duda la última es la mejor de todas y quizá sea la adecuada para comprar en DVD y guardar en las estanterías (cuando cueste menos de diez euros claro está). Por ahora me la voy bajar por megaupload para conservarla y volver a verla una de estas tardes soporíferas de televisión chorra y calor sofocante, antes de huir a la playa.

Sólo le pido a Mr. Groneing que no deje de hacer capítulos de Futurama, más largos o más cortos, porque junto con las creaciones de MacFarlane son el único soplo de aire fresco entre tanta bazofia televisiva en este nuestro maravilloso país que es España.

¿Para cuándo una serie de animación española? ¡Ah! que tendría que estar subvencionada, pues entonces que lo dejen. Que sigan gastándose el dinero en la González Sinde y sus películas para encefalogramas planos; o en pelis chorras de estudiantes que viajan a Londres.

Fuga de cerebros para aquellos que lo tengan, que en España ya vemos lo que hay. Pues eso.