19
Ago
09

Me avergüenzo mucho.

Llega una edad en la que no puedes evitar añorar el pasado como si ya fueras un abuelo senil. En pleno “revival” de los años ochenta uno se acuerda de su tierna infancia y le vienen a la cabeza los curris y la Montaña Basura de Los Fraggle, Michael J. Fox en Teen Wolf (De pelo en pecho) o las primeras tetas que pude ver en la pantalla con Porky´s. La Bola de Cristal, Radio Futura, Gabinete Caligari y el desconocimiento de lo que significaba zapear. Sin móviles ni Internet. Sólo la Master System, la Game Boy y los libros del Barco de Vapor (María Gripe) y Michael Ende con las historia de Bastián en Fantasía.

De aquella época no me avergüenzo de casi nada. Todo se tuerce en los años noventa. En el instituto lo guay era ser “grunge” a lo Cobain, con el pelo largo grasiento y la ropa de cateto de pueblo maderero del norte de USA (camisa de cuadros raída y pantalón de pana o vaquero con las rodillas destrozadas). Bunbury era entonces un cantante de rock y no un feriante asmático. Además Michael Jackson dejó de ser negro y no paró de cagarla hasta morir.

Pero lo que más me sonroja de mi época de adolescente son algunas de mis filias literarias. Influido por la idiotez universitaria que ya repuntaba allá por mediados de los noventa, topé con una escritora procaz y dubitativa llamada Lucía Etxebarría. Una compañera pseudoprogresista me prestó el premio Nadal del año 1998, Beatriz y los cuerpos celestes, que sin dejar de ser una gran novela adolescente para niños pijos en plena comezón existencial, encumbró a una escritora en ciernes que hoy se revela como una imbécil con ínfulas de intelectual.

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Leo el diario Público y me la he topado en un suplemento de verano. No he podido dejar de ruborizarme al ver la de idioteces que esta mujer vomita cada vez que se muestra en público (nunca mejor dicho). De vergüenza ajena. Aún me abochorno más cuando recuerdo la de libros que compré y leí de semejante mamarracha. En lugar de amueblar mi cabeza con literatura de verdad, perdí mi tiempo con boñigas verbales de la talla de Nosotras que no somos como las demás, Un milagro en equilibrio o Amor, curiosidades, prozac y dudas, novela de la que encima vi la película; una majadería como la copa de un pino. No queda ahí la cosa. Que también vi Sobreviviré, bodrio del año 1999 (de la que ella fue co-guionista) que ya demostraba la podredumbre que padecía entonces, y sigue padeciendo, el cine español.

Lucía Etxebarría hace tiempo que ya no escribe novela, ni ensayo, ni poesía (nunca ha escrito poesía, sino que la ha plagiado). Ahora se dedica al noble arte literario de la autoayuda con bazofias del tipo Ya no sufro por amor o El club de las malas madres (que hoy leen las amas de casa aburridas admiradoras de Ana Rosa).

Entre muchas otras gilipolleces ha intentado convertir su entrada en wikipedia en una suerte de propaganda autocomplaciente sin conseguirlo (porque para eso están los lectores que corrigen las memeces de esta individua). En su blog podemos vislumbrar su estupidez, su nauseabunda sintaxis y las polémicas en las que se ve envuelta a cuenta de sus corruptos escritos en wikipedia y lo que no es wikipedia.

Por aquellos turbulentos albores del siglo XXI anduve perdido sin remedio. Buscaba respuestas en Paulo Coelho en lugar de preguntar a Umberto Eco o a Punset. Como mi ex novia era bollera y yo era un inepto con las mujeres (me estoy excusando como ven) quise aprender algo en los escritos de esta feminista estulta y demagoga que era Lucía Etxebarría, en lugar de leer al Marqués de Sade o a Giacomo Casanova. Por aquellos días yo creía que el feminismo era lo más e incluso me sentía culpable por tener pene. El feminismo criminalizaba lo masculino por el simple hecho de serlo (y todavía lo hace) y había que ser un hombre sumiso y temeroso de las mujeres. No las seduzcas, no quieras sexo con ellas, no les grites aunque sean imbéciles e imita a los homosexuales que ellos sí son verdaderos hombres: sensibles, inteligentes y guapos. Depílate, usa cremas y ten una actitud afectada como la que tienen los homoartistas de hoy en día. Afortunadamente Charles Bukowski y Henry Miller me sacaron del error. Me he enmendado en lo posible. Pero aún conservo un libro firmado por Lucía Etxebarría en la estantería de mi biblioteca que delata mi horroroso pasado adolescente (De todo lo visible y lo invisible).

Desde aquí pido perdón por haber financiado durante años las pastillas y el alcohol a semejante escribidora de pacotilla. Al menos con mi dinero habrá podido dar de comer a su hija, a la que compadezco de corazón.

Les doy un consejo: Si quieren buena literatura femenina de verdad, no dejen de leer a Ana María Matute (insigne letra K de la RAE). Un pecado de juventud del que aún guardo buenísimos recuerdos.

Un beso para ella.

Pedazo de novela para los amantes de la fantasía.

Pedazo de novela para los amantes de la fantasía.

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2 Responses to “Me avergüenzo mucho.”


  1. 1 Helen
    19/08/2009 en 18:21

    la verdad es que no sé muy bien en qué estabas pensando por aquellos tiempos en los que te leíste todos esos libros, sea por el motivo que sea ahora prefieres obras clásicas que han dejado una interesante estela en nuestra literatura a lo largo de los años.

    Pronto acabarás de leer el Guzmán de Alfarache, sigue así…que es mejor.

    Te quiero

  2. 20/08/2009 en 14:18

    Entonces no pensaba muy bien porque estaba enfermo de idiotez (aún sufro algunas secuelas, pero estoy en tratamiento); no era culpa mía (qué voy a decir yo), eran las malas compañías (ex novias oligofrénicas sobre todo).
    A ver si lo acabo ya que estoy hasta el gorro…
    Gracias por comentar.
    BESOS.


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