Archivos para 29 octubre 2010

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Santos, difuntos y brujas.

Mañana festejamos, como cada año, el Día de Todos los Santos y el Día de los Difuntos, en el que como es costumbre, en la España más carpetovetónica, se hacen las correspondientes visitas al cementerio para honrar a nuestos seres queridos, con coronas de flores y velas. Hay quienes escapan de puente y obvian toda tradición, saturando las autovías y poniendo en aprietos a la DGT. Otros, en vísperas del susodicho día, se disfrazan de bruja o fantasma y celebran el dichoso Halloween, costumbre que provoca urticaria a los detractores de la cultura norteamericana y anticapitalista así como en los defensores a ultranza de las costumbres católicas, azote del paganismo que inunda la España decente y piadosa; es curioso ¿no? Sin embargo lo que de verdad importa es que el 1 de noviembre no trabaja ni cristo y por lo menos en eso sí coincidimos la mayoría.

La polémica que suscita el Día de los Difuntos y Halloween viene de lejos. Cuántas veces habré escuchado a mis abuelos, incluso a mis padres, condenar la odiosa práctica del disfraz de bruja o vampiro, el adorno con la calabaza hueca y el reparto de dulces como algo impropio de un día solemne en el que lo que toca es visitar el camposanto y pasar en familia el día comiendo castañas asadas, huesos de santo y buñuelos de viento. “El Jalowin ese no es más que una manifestación del imperialismo yanqui; eso lo han inventao los americanos y nos lo han vendio pa contaminar nuestra cultura con sus memeces” (aseveraciones oídas de boca tanto de derechistas acérrimos como de comunistas convencidos). No quiero abogar por una fiesta y unas prácticas presentes en todas las películas americanas de adolescentes, en Los Simpsons incluso (aquellos hilarantes especiales de Halloween) y que pueden resultar estridentes si no horteras, pero que apasionan a niños y adolescentes por razones obvias (qué podemos esperar si la mayoría de los productos culturales que consumimos en España son de manufactura norteamericana) y que están tan extendidas que las sentimos como nuestras.

Sin embargo, la celebración de Halloween tiene su origen en una fiesta celta que ellos llamaban “Samain“, en la que los druidas festejaban el comienzo del invierno y honraban a sus muertos; ritos paganos que más tarde fueron demonizados por el cristianismo y modificados para adaptarlos a la religión oficial del imperio dominante. Halloween no es más que una derivación de la expresión inglesa All Hallow´s Eve que no significa otra cosa que Día de Todos los Santos. Al final, de una manera u otra, todos celebramos lo mismo, sólo que la Iglesia Católica condena la versión pagana por razones que todos conocemos (menos mal que la Inquisición dejó de existir hace siglos). Es lógico que en USA, con la cantidad de irlandeses que emigraron a aquellas tierras en siglos anteriores, celebren la fiesta pagana de Halloween o Noche de Brujas, reflejo de sus raíces y costumbres ancestrales de corte pagano; siempre añadiendo su particular toque pueril e histriónico made in USA. La industria americana del cine de terror y de series se ha encargado de importar dichos hábitos a otros países y España no iba a ser menos. Desde los años sesenta y gracias al caudillo y sus tecnócratas del Opus Dei hemos sufrido una colonización cultural, fruto del necesario aperturismo económico, de la que ahora sufrimos las cosecuencias; y ya es tarde para lamentarse. Santa Claus, el árbol de Navidad, la Coca-Cola, Disney, Burger King, Halloween, el rock and roll, el Hip-Hop, los centros comerciales, los pantalones vaqueros anchos, las gorras de béisbol, las zapatillas Nike… Cada vez somos más parecidos a los americanos del norte, aunque no todos queramos reconocerlo y haya quien no se dé ni cuenta.

En fin, cada uno que haga lo que le plazca, lógicamente. Asistir a una fiesta de Halloween disfrazado de bruja no tiene por qué significar dejar de visitar el cementerio para arreglar la tumba de un familiar fallecido (siempre que dejes el disfraz en casa por supuesto). Puedes comer castañas y huesos de santo vestido de diablo (pero que no te vea el cura de tu pueblo). Si hacemos que se forre el florista, por qué no el frutero y el vendedor de artículos de broma y disfraces. Además puede ser una buena excusa para revisar películas de terror como El resplandor, Drácula, La Profecía o Pesadilla en Elm Street, muy propias de noches como ésta. Y si ya quieres rematar la faena y convertirte en un tío pedante y dártelas de culto puedes leer El gato negro de Allan Poe, El monte de las ánimas de Gustavo Adolfo Bécquer o El fantasma de Canterville de Oscar Wilde, entre otras; pero corres el riesgo de que te peguen unos capones o te tachen de lunático.

La polémica sobre el Día de todos los Santos es un despropósito. Negar que somos una colonia más del imperio yanqui es engañarnos a nosotros mismo. La época de llorar a los muertos pasó y lo que desean las nuevas generaciones es sumergirse en el hedonismo imperante, gastar dinero a espuertas y reírse de la muerte. La España doliente está desfasada, a pesar de las beatificaciones y los golpes de pecho. Nuestro día se llama de Todos los Santos, pero lo que nos divierte a los hijos de la democracia y el liberalismo es disfrazarnos de monstruo y celebrar Halloween. Veánlo como una manera de tocar los bemoles a los católicos recalcitrantes, beatos y nostálgicos de aquella España franquista, bastión del catolicismo en el mundo, que ven como la patria se paganiza inexorablemente.

No dejen en cambio de visitar, si así lo desean, las tumbas de sus seres queridos. Somos libres para hacer lo que nos venga en gana, por suerte. Quien desee disfrazarse, que lo haga, quien quiera pasar el día en el cementerio, estupendo; si queremos despotricar de los niños que se visten de vampiro pues también; si hay plata y pueden huir de todo este caos, enhorabuena. Que disfruten de esta noche y del día de fiesta de mañana; al final eso es lo único que cuenta.

Feliz Día de Todos los Santos, de los Difuntos y buena noche de Halloween a todos.