Archive for the 'Ensayo' Category

20
Feb
10

Aznar y sus “güevos” toreros.

Ahí está. Con dos cojones “made in Spain”, como los de don Pelayo. Don José María nos muestra los resultados de su educación cristiana, privada y de elite, además de cuánto le importa España y su gente, y lo machote que él es; “pa chulo chulo, mi pirulo”.

El político más conservador de Europa, nuestro ex presidente, que nos metió, aparentemente, entre los países con más peso, ya no de Europa, sino del mundo, y de paso en una guerra que olía a interés económico en detrimento de vidas humanas  (una actitud muy cristiana) que tiraba para atrás. El ex presidente que levantó la economía española (¡ay! qué bien vivíamos entonces) a base de cemento y ladrillos, hasta que llegaron los otros subnormales, que son imbéciles, y dijeron: “pa qué tocá ná, si así va de vicio, ¿no? ¿Tú qué dice primo?”. Contra Aznar vivíamos mejor pero, no señor, no le echamos de menos.

¿No es sospechoso que este enano mental se retirara tres años antes de que empezara todo este fregado de la crisis financiera, la caída del ladrillo, el paro, el hundimiento de empresas, despidos y demás efectos colaterales de este sistema capitalista tan infalible e incuestionable, donde la libre competencia siempre se respeta sin trampa alguna, es equilibrada y no hace falta controlarla para nada porque todo funciona muy bien solo?

Ahora que están de moda las teorías conspirativas: Yo creo que el amigo “Ansar” sabía algo, vía “Bush bunch”, y por eso se quitó del medio (casi a la par que el ex presidente de USA). Pensaría: “que se coma la crisis el idiota de Rajoy”. Pero le salió mejor porque ahora se la está comiendo el menguado de Zapatero. Si aún así no consiguen llegar al poder deberían hacérselo mirar, porque es grave.

No obstante, esta situación en la que el PSOE nos hunde en el estiércol de la incompetencia y el PP no levanta cabeza, lo convierte en el presidente que trajo la bonanza económica (cuando ésta vino en realidad por los fondos europeos, la coyuntura favorable de entonces y el ladrillo), el buen gobierno y la riqueza sin parangón, cuando es ciertamente el presidente del oportunismo económico, el autoritarismo, la falta de reformas educativas, el “ladrillazo”, la guerra, el elitismo ultraderechista más rancio, conservador y casposo de Europa desde la Thatcher.

Qué bien que todavía nos quede Esperanza Aguirre, otra chulapona, lideresa ella, más tonta que un bocado en el glande, que presume de liberal y no sabe ni por donde le sopla el viento. Una pija psicótica que cuando quiere consejo le pregunta a Aznar porque está claro que ella no es capaz de pensar por sí misma. Ser liberal es privatizarlo todo, “majete”, hasta la sanidad y la educación, y si se crean oligopolios (“¿oligo qué?”) digo que es culpa de Zapatero, que es la coletilla más recurrente para justificar el matonismo mafioso de esta panda de ricachones asquerosos que son la derecha española.

No se me olvida que estamos gobernados por los estultos demagogos populistas del PSOE, que no dejan de ser los más idiotas del país. Pero el conservadurismo de Aznar y su secta no lo quiero ni en pintura. Que se metan el dedo corazón en el ojete y urguen. Aunque claro, el cambio político es necesario. Pues que dios nos pille confesados y a mí, si es posible, fuera de España.

05
Sep
09

Análisis histórico de la movida madrileña.

Érase una vez un país atrasado y estulto gobernado por un enano imbécil que tuvo la suerte de ganar una guerra que enfrentó a dos facciones de idiotas sin remedio (los rojos y los nacionales). Este enano gilipollas gobernó con mano de hierro durante cuarenta años hasta que el pueblo soberano (me la agarra con la mano) consiguió que se instaurara una democracia o algo parecido. Con la democracia llegó la libertad y el libertinaje. Con el libertinaje llegó el despiporren, y con el despiporren llegó la idiotez suprema bañada en alcohol y heroína: La movida madrileña.

La movida madrileña no era más que una reunión de pijos progres que jugaban al dadaísmo y a ser modernos que te cagas con el padrinazgo de los políticos de turno, que también estaban beodos. Cuando el PSOE llegó al poder, los sociatas tiraron el Capital de Marx a la basura y empezaron a cogerle gusto a meterles el dedito en el culito a los obreros mientras ellos comían de la sopa boba (robando a mansalva como sabemos). PRISA inoculó idiotez a todos los españoles y así Iñaqui Gabilondo se convirtió en el reverendo de la progresía oficial. Felipe González era el dios supremo y así todos los progres pudieron hacerse ricos sin dar un palo al agua y vendiendo humo.

Durante los gloriosos años de la movida madrileña todos empezaron a flipar con la música y el rollito punk de pegatina moderno y mega guay. Los pijos jugaban a ser yonquis y los yonquis de verdad caían como chinches porque todos querían drogarse a lo Sid Vicious porque eso era lo que molaba mazo. Madrid era una fiesta y todos querían vivir allá. El resto de España era vulgar, anodina y olía mal.

Sucedió además que algunos de los más espabilados de la movida como Almodóvar o Alaska consiguieron, apoyados en el baluarte Polanco, salir de la mediocridad hispana y convertirse en ídolos de masas. En aquellos años no importaba el talento, tan sólo la ”mamarrachez” y la autopromoción, adornada de “moderneo”, y poses de superioridad moral e intelectual. Con respecto a la superioridad moral e intelectual tenemos el caso paradigmático de Ramoncín, hoy tesorero de la SGAE, ladrón profesional, pero ídolo de masas en los ochentas.

Los gays y los modernos metrosexuales comenzaron su cruzada para dominar los medios, la cultura y el arte. Subrepticiamente fueron adentrándose en el tejido cultural español, débil y manipulable por aquella época. Finalmente, tras numerosas campañas propagandísticas, made in PRISA, en el ocaso del siglo XX consiguieron hacerse con el control absoluto de toda la cultura española.

Tras la triunfante cruzada se consolidó una élite que impuso los usos y formas del “petardeo” más rancio y reaccionario del planeta tierra. Entre los miembros de dicha elite se encuentra Olvido Gara (Alaska), una mujer muy culta, preparada y leída – como puede serlo cualquier camarero con carrera-, sin dotes para el canto ni la interpretación, pero que se convirtió en un icono de la modernidad, el buen gusto, lo intelectual, lo “cool” y lo “in” del panorama ibérico con su grupazo Alaska y los Pegamoides y posteriormente Fangoria.

Hay que decir que en Málaga surgió, ya en los noventa, al abrigo de la progresía dominante, Rafatal, un realizador que ha revolucionado el mundo del cine, produciendo películas que NO repiten los clichés del cine de los ochenta de Almodóvar ni cae en banalidades propias de un snob petimetre que se cree lo más. Su cine, es un cine comprometido con el arte, al nivel de los grandes como Berlanga, Buñuel o su maestro, Almodóvar. Original, demoledor y muy sugerente como sólo el malagueño más universal (después de Picasso, Banderas y Fran Perea) podía serlo. Vamos, que es el puto amo.

En el siglo XXI, el poder de los movidos guay de la movida madrileña sufrió un ligero revés y hoy, junto con los nostálgicos de Franco, no son más que una pandilla de plañideras que anhelan la grandeza de los años de Pepi Luci Bom y su puta madre.

No obstante, Olvido Gara (la Björk española) supo reciclarse, abandonar a sus padrinos y tomar su propio rumbo hacia el estrellato. Siguió grabando discos, aportando a la música todo aquello que hoy falta en el pop y el rock (sea lo que sea), y se puso a trabajar en la COPE junto a Federico Jiménez Losantos (hasta que echaron a este último), o con Pedro J. Ramírez en el Mundo (un diario muy veraz y fiable como todos sabemos). Es posible que ante la dejadez que sufren por parte de los gobernantes del PSOE, se hayan buscado la manera de seguir protegidos por el poder (aunque sea de derechas) como lo estuvieron antaño durante la movida. Porque los hay que sólo a la sombra del poder, sea cual sea, son capaces de medrar y llegar a lo más alto. O quizá sea que han sufrido una sobredosis de honestidad y eso unido a las perras en el bolsillo, el lujo, los flashes, la fama y la buena vida les haya hecho reflexionar y pensar: “coño, si ser rico mola más que ser pobre; que le den por culo a los obreros y a los progres que son unos desgraciados”. Este dato aún no se ha corroborado.

Pero el mayor regalo que ha dado Alaska  al mundo, ha sido sin duda alguna su genial marido Mario Vaquerizo y su grupazo Nancys Rubias, que ha causado furor entre la elite moderna de medio mundo. En Málaga por ejemplo enriquecieron la cultura musical del respetable con un concierto organizado por el Ateneo de Málaga, adalid, como todos sabemos, de la cultura, la música, la moda, el buen gusto y lo “cool” de la capital de la Costa del Sol.

Mario Vaquerizo,  junto con Olvido Gara, han resuelto desmarcarse de la hediondez de la clase obrera que taponaba sus fosas nasales en los ochenta. Llegados a la madurez y podridos de fama y riqueza han abrazado el liberalismo pregonando las bondades de Esperanza Aguirre, Sánchez Dragó y sus esbirros liberales. Es posible que ambos hicieran mucho dinero con el negocio inmobiliario y consiguieran prebendas del ayuntamiento de Madrid para sus actividades culturales, que finalmente ha conseguido inocular la fiebre de lo moderno y lo guay por todo el territorio español: “La derecha mola más para ser moderno”, parece decirnos este hombre al que le gusta morderse los carrillos y parecer una mujer casquivana.

La SGAE por supuesto también está entre las instituciones favoritas de este metrosexual escuálido que se hace llamar cantante, productor y representante, rebosante de un glamour fascinante e inigualable.

Mario Vaquerizo, aparte de defender la anorexia como forma de vida y conseguir vivir del cuento vendiendo humo, se ha convertido en el icono de lo moderno en la capital del reino y sus colonias (como Málaga).

Elite intelectual española.

Elite intelectual española.

A día de hoy no se sabe qué pasará si los “taligays” se enteran de que Vaquerizo y Alaska se han pasado al bando de Belcebú (el PP) y han abandonado el redil de aquellos que los convirtieron en ricos y famosos (el PSOE).

Es un hecho comprobado que Almodóvar ya no goza del favor del diario El País y que Cuatro, después de verse agraviado por la TDT de pago de ZP, puede que decida en lo venidero apoyar al PP para mojarle la oreja al díscolo presidente del gobierno. El caso es tocar los huevos.

Tras semejante historia tan absurda una cosa está clara: los tiempos cambian, las mentes cambian, pero sobre todo cambia el volumen de los bolsillos y ésto hace que probablemente cambie todo lo demás. Habría que ver lo distinto que sería Mario Vaquerizo si fuera uno más del montón (que lo es) sin el apoyo de su egregia mujer, como tantos hay que buscan la fama con desesperación como si fuera oro.

Para triunfar véndete, vende humo, moda, música, tu vida, tu honra, o lo que se tercie. En España siempre habrá multitud de idiotas que te sigan. Si no que se lo digan a Ramoncín.

¿Continuará?

04
Sep
09

Firmin. Aventuras de una alimaña urbana.

Por fin puedo afirmar, después de seis meses de denodados esfuerzos intelectuales, que he leído el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán. Qué puedo decir: Capítulos interminables, castellano del siglo XVII, difícil de comprender para un diletante como yo, y la satisfacción de haber podido con un clásico imprescindible para entender la picaresca española. Al final me quedo con el Lazarillo (más corto, más divertido y más corrosivo con la sociedad castellana de la época), sin desmerecer esta obra, que es una joya (un retrato fidelísimo de la España decadente del XVII), pero muy compleja para mentes mediocres como la mía.

Una obra larga y compleja.

Una obra larga y compleja.

Ansioso por cambiar de libro, pisé el acelerador a finales de agosto, y un buen día (el 31 de agosto), leyendo el periódico encontré una entrevista a un escritor que me dio buena onda. Sam Savage, nacido en Carolina del Norte, es un anciano de ochenta años, de pelo blanco, con barba y aspecto hirsuto y desaliñado que ha escrito una novela extraordinaria y que me gustaría recomendar desde aquí.

El bueno de Sam Savage, el padre de Firmin.

El bueno de Sam Savage, el padre de Firmin.

Firmin fue publicada en una pequeña editorial de Minneapolis y en menos de tres años se ha convertido en un fenómeno literario gracias al boca a boca (no como otras que tienen más marketing detrás que la Coca Cola). Sam Savage es uno de esos escritores de vocación que ha alcanzado el reconocimiento en la senectud (algo que hace que algunos nunca perdamos la esperanza). Es digno de admirar, desde luego. Y comprensible también.

Firmin es una fábula que atrapa y te hace pasar unos ratos inolvidables. Saqué el libro de la biblioteca el martes y ya lo he terminado. No en vano sólo tiene 222 páginas y su lectura no es nada complicada. Es una de esas obras que te enamoran desde el primer capítulo y que no puedes dejar aparcada más de veinticuatro horas.

Pero lo mejor es la historia que narra y cómo la narra. El protagonista es una rata que aprende a leer y que se convierte en una fanática de la literatura. En la historia encontramos a un librero al borde de la ruina, y a un escritor fracasado (alter ego del propio Savage) que juega un papel muy importante en la trama.

La rata más leída del mundo.

La rata más leída del mundo.

La obra está llena de referencias literarias y es un homenaje a todos aquellos que aman los libros, las historias y el cine. Firmin es el amigo que todos quisiéramos tener: sensible, inteligente, vulnerable y con un corazón inmenso.

Según desveló la entrevista publicada en el diario Público, parece ser que Sam Savage está a punto de publicar otra novela, que sin duda aprovechará el tirón de la anterior. Me alegra comprobar que existan  casos como el del bueno de Sam: Un hombre que ha trabajado de pescador, carpintero, tipógrafo y profesor, pero que por encima de todo deseaba ser escritor, y al final lo consigue con ochenta años.

La verdad es que se lo merece y espero que su próxima novela tenga igual o más éxito que la anterior.

Firmin. Aventuras de una alimaña urbana está llamada a convertirse en un clásico de la literatura del siglo XXI. Una obra que todos deberían leer al menos una vez.

Desde hoy soy fan acérrimo de la rata devoradora de libros (literal y figuradamente), Firmin, y os invito a que entréis en su mundo de alimaña urbana.

03
Sep
09

Me cuesta digerirlo.

No puedo entenderlo. Me siento impotente ante tamaña muestra de idiotez nacional. La televisión me va a matar a disgustos. Sé que por mucho que yo putee a Tele 5 o Antena 3, el público que licua su cerebro con semejante basura no lee blogs – y menos el mío – y no se para a pensar de qué manera puede autolesionarse el lóbulo occipital con daños irreparables.

Cómo es posible que el engendro de Jorge Javier Vázquez – el Anticristo  de la TV-, Sálvame sea seguido por 2.113.000 espectadores con una media diaria de share que supera el 20%. A las 20:00 horas ya hace fresquito señores. Salgan a tomar un refresco, un helado, a comer pipas, a dar una vuelta; yo qué sé.

Cómo es posible que Risto Mejide, un tipo absolutamente oligofrénico, tenga más de tres millones de seguidores con su programa G-20 (que no me hace falta ver para saber que es una mierda como el sombrero de un picador).

Por qué Belén Esteban es la mujer más popular de España. Por qué después de demostrar una estupidez infinita Ana Rosa sigue siendo la “reina” de las mañanas. Hasta Susana Griso, con ese rictus de estirada frígida que tiene, se ha visto obligada a sumarse al carro de la estulticia para hacer caja.

Por qué si Antena 3 trabaja la misma bazofia en su cadena no puede superar nunca a Tele 5 en audiencias. Qué tiene “la cadena amiga” para que los más de tres millones de estultos que pueblan España entreguen su cerebro a todas horas con el ojo del culo abierto y los de la cara pendientes de gansadas y gilipolleces.

Por qué en La Sexta no pueden emitir videos de Tele 5 o Cuatro para reírse de la imbecilidad que transmiten cada día por la onda hertziana – sin duda Sé lo que hicisteis… ya no es igual desde que Basile y sus matones consiguieron hacer efectiva una ley absurda de derechos de autor-. No olvidemos que Ramoncín es un esbirro de Tele 5 – Operación Triunfo-  y la cadena es pro SGAE a tope.

¿Por qué los espectadores siguen viendo Tele 5? ¿No tienen Internet? ¿No tienen DVD? ¿No tienen cerebro?

¿No hay alguna manera de hacerle boicot a Tele 5?

Yo ya he borrado este canal del menú de la TDT; al menos es un comienzo.

El loco que me lea que reflexione, que haga lo mismo. Aunque seguro que el que lee blogs no verá mucho la tele, y menos Tele 5.

No hay nada que hacer entonces. La batalla está perdida.

La idiotez se apodera del mundo.

Idiocracy es el futuro.

Vean esta película. No es Kubrick pero tiene mensaje.

Vean esta película. No es Kubrick pero tiene mensaje.

29
Ago
09

¿Adónde se fue el estilo Louise Brooks?

No me gusta hablar de modas ni tendencias, entre otras cosas porque es un universo que no entiendo en absoluto. Si bien es cierto que alguna vez escribí sobre los nuevos “modernos” del siglo XXI, alimentados al calor de la bonanza económica y aparentemente extintos (más bien camuflados) por el momento, no quisiera repetirme con un tema que ya ha levantado no pocas ampollas y que considero zanjado.

Si retomo la cuestión es en parte porque alguien me lo ha pedido. La razón es Louise Brooks, una actriz de cine mudo hermosísima, facinante y bizarra como pocas. Su corte de pelo, su forma de vestir, de posar en las fotos y de mirar a la cámara ha sido imitada hasta la saciedad por todas las advenedizas del “moderneo” imperante en los últimos años. Pero la cuestión es: ¿La imitan directamente por admiración incondicional o sólo se copian unas a otras sin ton ni son? ¿Saben qué es una “flapper” o sólo copian lo que es considerado como moderno? ¿Saben que el cine mudo existió o creen que es una leyenda? Tengo mis dudas.

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Recordemos que ser “moderno” (obviemos la acepción de la RAE) implica poseer cierta sensibilidad artísitica (fotografía, pintura, poesía, interpretación), mostrar cierta ambigüedad sexual y hacer alarde de un esnobismo y afectación tales que parezca que hemos viajado a la corte de Luis XV en Versalles o al Nueva York de los 60 con Warhol y su galería de freaks.

La moda es muy importante, a veces incluso lo más importante. El lema del moderno siempre es y será: “No es tanto ser como parecer”. No importa que no seas artista y no poseas ningún talento, el objetivo es parecer especial, sacar la testa del pozo hediondo de la mediocridad, como Yoko Ono al lado de Lennon.

Hace unos tres años, – antes de que se impusiera más el estilo “pin-up”, emulado hasta el hartazgo por modernas y no tan modernas en revistas, televisión, publicidad y entrega de premios -, había algunas chicas que imitaban, quizá sin saberlo, el estilo de la actriz Louis Brooks, mostrando sus pechos en Fotolog, Myspace y demás, protagonizando incluso escenas de ambigüedad sexual, para deleite del respetable.

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Existen mujeres que no quieren ser como Lucía Lapiedra o Victoria Beckam. En el mundo de la autopromoción en Internet hubo quien se abrió paso enseñando sus bellos pechos al estilo de las “flappers” de los años veinte. ¿Es el ansia de parecer diferente lo que impulsa al moderno a abrazar la moda retro o verdaderamente se sienten atraídos por la estética de los “happy twenties”?

Los locos años veinte corresponden a un periodo de bonanza económica que vivió EEUU desde 1922 hasta el crack de 1929. Más o menos como ahora, que hemos vivido una época de vacas gordas desde el 2002 (después del 11-S) hasta el 2009. No sé si tendrá relación o no pero entre 2006 y 2008, toda “modernita” de pro debía parecerse en lo más posible a las “flappers” y así las he visto yo en tropel por el Village Green de Málaga.

Hoy ya no es así, y resulta curioso. Estoy seguro de que la razón no es otra que el efecto de imitación generalizado que ha obligado a los cabecillas del mundo “moderno” a reciclarse para seguir siendo especiales. Los años 60, 70 y 80, el estilo “pin-up” e incluso el atuendo decimonónico de parnasianos y simbolistas han sido algunas de sus opciones para encontrar su lugar por encima de la mediocridad imperante. Resulta paradójico que se les llame “modernos” cuando su estilo no deja de ser retro. Para mí ni son modernos, ni retros ni nada que se les parezca. La palabra es petimetre, del francés (petit maître), que tanto les gusta.

Por mí como si les da por vestirse con toga o de vikingo. Mientras no toquen mucho los huevos que hagan lo que les parezca.

Eso sí, las chicas saben que para ser alguien en el mundo del arte hay que enseñar carnes y lo hacen de cualquier modo. Una idea que os doy chicas: Elisabeth Taylor en Cleopatra.

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Moderna publicitando su talento al estilo "flapper".

19
Ago
09

Me avergüenzo mucho.

Llega una edad en la que no puedes evitar añorar el pasado como si ya fueras un abuelo senil. En pleno “revival” de los años ochenta uno se acuerda de su tierna infancia y le vienen a la cabeza los curris y la Montaña Basura de Los Fraggle, Michael J. Fox en Teen Wolf (De pelo en pecho) o las primeras tetas que pude ver en la pantalla con Porky´s. La Bola de Cristal, Radio Futura, Gabinete Caligari y el desconocimiento de lo que significaba zapear. Sin móviles ni Internet. Sólo la Master System, la Game Boy y los libros del Barco de Vapor (María Gripe) y Michael Ende con las historia de Bastián en Fantasía.

De aquella época no me avergüenzo de casi nada. Todo se tuerce en los años noventa. En el instituto lo guay era ser “grunge” a lo Cobain, con el pelo largo grasiento y la ropa de cateto de pueblo maderero del norte de USA (camisa de cuadros raída y pantalón de pana o vaquero con las rodillas destrozadas). Bunbury era entonces un cantante de rock y no un feriante asmático. Además Michael Jackson dejó de ser negro y no paró de cagarla hasta morir.

Pero lo que más me sonroja de mi época de adolescente son algunas de mis filias literarias. Influido por la idiotez universitaria que ya repuntaba allá por mediados de los noventa, topé con una escritora procaz y dubitativa llamada Lucía Etxebarría. Una compañera pseudoprogresista me prestó el premio Nadal del año 1998, Beatriz y los cuerpos celestes, que sin dejar de ser una gran novela adolescente para niños pijos en plena comezón existencial, encumbró a una escritora en ciernes que hoy se revela como una imbécil con ínfulas de intelectual.

sin comentarios

sin comentarios

Leo el diario Público y me la he topado en un suplemento de verano. No he podido dejar de ruborizarme al ver la de idioteces que esta mujer vomita cada vez que se muestra en público (nunca mejor dicho). De vergüenza ajena. Aún me abochorno más cuando recuerdo la de libros que compré y leí de semejante mamarracha. En lugar de amueblar mi cabeza con literatura de verdad, perdí mi tiempo con boñigas verbales de la talla de Nosotras que no somos como las demás, Un milagro en equilibrio o Amor, curiosidades, prozac y dudas, novela de la que encima vi la película; una majadería como la copa de un pino. No queda ahí la cosa. Que también vi Sobreviviré, bodrio del año 1999 (de la que ella fue co-guionista) que ya demostraba la podredumbre que padecía entonces, y sigue padeciendo, el cine español.

Lucía Etxebarría hace tiempo que ya no escribe novela, ni ensayo, ni poesía (nunca ha escrito poesía, sino que la ha plagiado). Ahora se dedica al noble arte literario de la autoayuda con bazofias del tipo Ya no sufro por amor o El club de las malas madres (que hoy leen las amas de casa aburridas admiradoras de Ana Rosa).

Entre muchas otras gilipolleces ha intentado convertir su entrada en wikipedia en una suerte de propaganda autocomplaciente sin conseguirlo (porque para eso están los lectores que corrigen las memeces de esta individua). En su blog podemos vislumbrar su estupidez, su nauseabunda sintaxis y las polémicas en las que se ve envuelta a cuenta de sus corruptos escritos en wikipedia y lo que no es wikipedia.

Por aquellos turbulentos albores del siglo XXI anduve perdido sin remedio. Buscaba respuestas en Paulo Coelho en lugar de preguntar a Umberto Eco o a Punset. Como mi ex novia era bollera y yo era un inepto con las mujeres (me estoy excusando como ven) quise aprender algo en los escritos de esta feminista estulta y demagoga que era Lucía Etxebarría, en lugar de leer al Marqués de Sade o a Giacomo Casanova. Por aquellos días yo creía que el feminismo era lo más e incluso me sentía culpable por tener pene. El feminismo criminalizaba lo masculino por el simple hecho de serlo (y todavía lo hace) y había que ser un hombre sumiso y temeroso de las mujeres. No las seduzcas, no quieras sexo con ellas, no les grites aunque sean imbéciles e imita a los homosexuales que ellos sí son verdaderos hombres: sensibles, inteligentes y guapos. Depílate, usa cremas y ten una actitud afectada como la que tienen los homoartistas de hoy en día. Afortunadamente Charles Bukowski y Henry Miller me sacaron del error. Me he enmendado en lo posible. Pero aún conservo un libro firmado por Lucía Etxebarría en la estantería de mi biblioteca que delata mi horroroso pasado adolescente (De todo lo visible y lo invisible).

Desde aquí pido perdón por haber financiado durante años las pastillas y el alcohol a semejante escribidora de pacotilla. Al menos con mi dinero habrá podido dar de comer a su hija, a la que compadezco de corazón.

Les doy un consejo: Si quieren buena literatura femenina de verdad, no dejen de leer a Ana María Matute (insigne letra K de la RAE). Un pecado de juventud del que aún guardo buenísimos recuerdos.

Un beso para ella.

Pedazo de novela para los amantes de la fantasía.

Pedazo de novela para los amantes de la fantasía.

18
Ago
09

Patente de Corso. Por Arturo Pérez-Reverte. 16-08-2009

[…]

Libros. Hay muchos en la habitación, y jalonan veinticinco años de una vida. Infantiles, aventuras, viajes, textos escolares, materias universitarias, novela, ensayo, arte, historia. Desde niño, leyéndole cuentos e historietas, orientándolo con cautela, ella fue transmitiéndole el amor por la palabra escrita. La puerta maravillosa a mundos y vidas que acaban por multiplicar la propia: aspiraciones, sueños, anhelos cuajados en largas horas de lectura y templados en la imaginación. La intensidad de una mirada joven que explora el mundo en el descubrimiento de sí misma. Estos libros llevaron al muchacho a reconocerse entre los demás, a moverse con seguridad por el territorio exterior, a descubrir y planear un futuro. A estudiar una carrera bella y poco práctica, relacionada con la lengua, el pasado, el arte y la historia. A licenciarse en sueños maravillosos. En cultura y memoria.

Ahora ella, inquieta, se pregunta si hizo bien. Si la lucidez que estos libros dieron a su hijo no sirve más bien para atormentarlo. Lo sospecha al verlo salir de casa para entrevistas de trabajo de las que siempre vuelve hosco, derrotado. Cuando lo ve teclear en el ordenador buscando un resquicio imposible por donde introducirse y empezar una vida propia: la que soñó. Cuando lo ve callado, ausente, abrumado por el rechazo, la impotencia, la falta de esperanza que pronto sustituye, en su generación, a las ilusiones iniciales. Recuerda a los amigos que empezaron juntos la carrera animándose entre sí, dispuestos a comerse el mundo, a vivir lo que libros y juventud anunciaban gozosos. Cómo fueron desertando uno tras otro, desmotivados, hartos de profesores incompetentes o egoístas, de un sistema académico absurdo, injusto, estancado en sí mismo. De una universidad ajena a la realidad práctica, convertida en taifas de vanidades, incompetencia y desvergüenza. Pese a todo, su hijo aguantó hasta el final. Fue de los pocos: acabó los estudios. Licenciado en tal o cual. Un título. Una expectativa fugaz. Luego vino el choque con la realidad. La ausencia absoluta de oportunidades. El peregrinaje agotador en busca de trabajo. Los cientos de currículum enviados, el esfuerzo continuo e inútil. Y al fin, la resignación inevitable. El silencio. Tantas horas, días, años, de esfuerzo sin sentido. La urgencia de aferrarse a cualquier cosa. Hace una semana, cuando llenaba el formulario para solicitar un trabajo de dependiente en una tienda de ropa de marca, el consejo desolador de un amigo: «No pongas que tienes título universitario. Nadie emplea a gente que pueda causarle problemas».

[…]

Fragmento del artículo La habitación del hijo publicado por don Artuto Pérez-Reverte en la revista XL Semanal del 16 de agosto de 2009.