Archivo para 6 mayo 2009

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El varón domado.

6148747 Vilar, Esther. El varón domado.

Género: Ensayo.

Editorial: Grijalbo S.A, 1973

Número de páginas: 176.

Con motivo de mi trigésimo cumpleaños, mi gran amigo Gonzalo me ha obsequiado con un ejemplar de El varón domado, un agudo e inteligente ensayo que desmonta el mito de la demagogia feminista y desenmascara el victimismo, típicamente femenino, que denuncia la supuesta opresión a la que se ven sometidas las mujeres.

Cabe aclarar que semejante veneno para la causa feminista no se puede encontrar en las librerías por tratarse de un libro descatalogado, ¿quizá por razones políticas? No en vano su edición tuvo lugar allá por los años setenta, cuando todavía no nos habían absorbido el cerebro los “neocons” liderados por Reagan y Thatcher. Gonzalo lo ha rescatado de su librería privada, allá en Buenos Aires y le ha hecho cruzar el charco para mi particular deleite.

Así, después de treinta años de dominio ultraconservador, tanto izquierdista como derechista, vivimos hoy en día inmersos en un ambiente de estupidez edulcorada e iluminada por la estulticia televisiva, dominada por lo políticamente correcto, el buen rollito tipo Bebe, Macaco y Bibiana Aído, que indigesta de empalagoso que resulta.

Hoy, en plena crisis, resultado de la depredación humana, seguimos con la perorata del feminismo mediocre y ramplón, del ministros y ministras, señorías y “señoríos”, altezas y “altezos” y la madre que las parió a las subnormales lideresas de la liberación de la mujer que ya no saben qué coño inventar.

De ello trata grosso modo este ensayo al que me refiero, obra maestra del pensamiento racional y sincero, escrito por una mujer de verdad, con dos dedos de frente, que entiende que ni las mujeres están oprimidas ni tienen ya nada por lo que luchar. ¿Querían trabajar como los hombres? Pues ya lo hacen, sólo que con la cuartada de la maternidad pueden elegir quedarse en casita tranquilas mientras su hombre trabaja por ellas, pero claro está, esto no lo dicen. Ahora sólo se preocupan de memeces, como destrozar la lengua castellana, entre otras ocurrencias, poniendo sexo (en lugar de género) a las palabras e inventando idioteces como “miembra”, femenino de miembro, como todo sabemos.

El libro destripa a aquellas mujeres, típicas de los países más desarrollados, (las pijas, para entendernos), que lejos de querer trabajar como un hombre y llevar la miserable vida que éstos llevan, prefieren encontrar un marido que gane dinero para ellas y poder así quedarse en casita viendo a Ana Rosa Quintana, echándose cremas e ir luego a la peluquería para estar divinas; todo con la excusa de que tienen que cuidar de sus hijos. ¿Por qué no lo hace el marido? ¿No quieren igualdad? ¿No quieren los gais adoptar niños y educarlos? Si no hay nada de malo en que el hombre se quede en casa cuidando de la prole, ¿por qué es siempre la mujer la que presuntamente sacrifica su vida profesional para no trabajar más que en casa? No será que son demasiado astutas y el objetivo es no trabajar y vivir a costa de los hombres. Parece que sí y es ahí donde pone la puntilla la autora de origen alemán.

Porque seamos francos, es más cómodo estar en casa y echar unas horas, dos o tres a lo sumo, en las tareas domésticas, sin jefes, sin tráfico, ni agobios ni presiones que tener que esclavizarte en un trabajo alienante que nunca podrás dejar porque tienes una mujer y unos hijos que mantener. Ser ama de casa es un puto chollo, digámoslo de una vez. Y quieren cobrar un sueldo encima por estar en casa todo el día, nos ha jodido mayo.

Sí, de acuerdo cariño, tengamos hijos, pero tú trabajas y yo me quedo en casa; la cuartada perfecta. Y así nos vas a los hombres.

La señora Vilar desmiente además, con argumentos convincentes, que la moda o la industria cosmética sean instrumentos que los hombres han ideado para someter la mujer. La mujer disfruta maquillándose, comprando zapatos, ropa, joyas y demás zarandajas materiales, pero todo con el dinero de los hombres. La mujer, y más la mujer de clase media alta, con cierto grado de belleza, suele ser así de materialista, frívola y superficial. Si no, miren a la Bruni o a Leticia, claros ejemplos de mujeres astutas que han conseguido no tener que dar un palo al agua más en su vida.

Todo lo que la mujer hace para su físico no persigue más que un fin: atrapar al hombre que le va a ayudar a engendrar a los hijos que la eximirán en el futuro de trabajar nunca más en su vida. Luego están los divorcios, las pensiones de manutención y en definitiva, la aplicación de leyes creadas por hombres para tener que mantener a las mujeres in aeternum. “Me gusta ser mujer”.

Estas y otras cuestiones se tratan en este maravilloso ensayo, que pone de una vez las cosas en su sitio. Las feministas tienen mucho cuento y son un lobby peligrosísimo que está empobreciendo la vida social y cultural contemporánea. No hay más que ver a las ministras del PSOE, promocionadas por hombres, esto es, apoyadas en los hombres para conseguir sus fines mientras que no paran de quejarse todo el tiempo de lo discriminadas que están en todas partes y lo difícil que es ser mujer. En fin, pura demagogia barata que los hombres nos hemos creído. Ya se sabe que el chantaje emocional y el victimismo son las armas de mujer más antiguas y eficaces de la historia.

La verdad, es una pena que el libro no se edite en España y haya que echar mano a viejos y ajados ejemplares como el que yo he conseguido vía Gonzalo. Sería interesante difundir la buena nueva y liberar a los hombres del yugo de las mujeres, porque todos somos varones domados, de una manera u otra.

Se acabó el eslogan “la mujeres somos libres”. No sólo son libres sino que más libres que nadie, porque pueden elegir trabajar o no. Los hombres también queremos elegir ser amos de casa y liberarnos de las preocupaciones económicas. Igualdad ¿no? Para lo bueno y para lo malo.

Ahora los hombres queremos libertad. Abajo el yugo feminista.

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May
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Ghost in the dark.

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